domingo, 4 de octubre de 2009

URSS: En defensa del legado teórico programático de León Trotsky. Parte I

El lector que empiece a leer este artículo tal vez haga un gesto de desden pensando que se trata de uno de esos panegíricos de rituales alabanzas a L.Trotsky de uno de sus tantos seguidores. También es posible que algunos se pregunten con fastidio ¡¿otra vez la discusión sobre la URSS?! Pero quien no quiera extraer las lecciones de lo que fue la URSS, es porque ha abandonado la lucha por el socialismo, o en su defecto, es porque ha hecho del marxismo una religión o lo que es lo mismo, un dogma inmutable.

Ocurre que el trotskismo, como el mejor exponente del marxismo, no es una iglesia medieval como el stalinismo hoy socialdemocratizado; menos aún tiene que ver con su variante maoísta cuya profundidad de sus “análisis” solo les da para limitarse a decir que los rusos traicionaron, que los chinos traicionaron y así sucesivamente; como buenos stalinistas están acostumbrados a usar la acusación como sinónimo de comprobación y explicación causal.

Ciertamente que de los stalinistas, en todas sus variantes, no se puede esperar profundidad y menos aún seriedad en el tratamiento de este tema. Será por esto que es del mismo trotskismo de donde surgen los más serios contradictores de Trotsky. Dice el refrán que no hay peor astilla que la del mismo palo, pero lo importante no es tanto ver si los contradictores son muchos o pocos, o con mayor o menor nivel; lo importante es ver si “el aporte” es correcto o no hace más que empeorar lo que ya existía.

Así, con el derrumbe de la URSS y los estados del Este de Europa y su restauración capitalista, junto al acelerado curso restauracionista de China, Cuba, Vietnam, del que tampoco escapa Corea del Norte, ha llevado a muchos trotskistas a querer reconsiderar todo o gran parte del legado teórico programático de Trotsky y la IV Internacional; especialmente en lo referente al análisis de la URSS. Concepciones que en la Segunda post-Guerra los trotskistas han hecho extensible a los otros Estados Obreros Burocráticos (en adelante EOB).

Sin embargo ninguno de estos actuales pensadores dice nada nuevo a lo ya dicho por M.Shatchman en 1939 con su caracterización de Estados Burocráticos, o a lo dicho por T. Cliff diez años después, con su formulación de Capitalismo de Estado para la URSS y los nuevos EOB. En las décadas del ’80 y del ’90, a estos teóricos se les han sumado el COFI norteamericano, la Alianza por la Libertad de los Trabajadores de Sean Matgamna, Andrés Romero (Aldo Casas) y el MAS argentino, y tantos otros que a pesar de sus revisiones teóricas-programáticas insisten en seguir diciéndose trotskistas.

URSS ¿Qué clase de Estado?

Pero es el sencillo texto de homenaje, ante el 67 aniversario del asesinato de Trotsky, titulado Trotsky en el siglo XXI (parte II)[1] escrito por Guillermo Almeyra, el que en pocas líneas mejor sintetiza todas estas nuevas-viejas ideas. En dicho artículo el autor hace un recontó de las cuestiones que a su juicio estarían equivocadas en el marxismo revolucionario, pero que aquí solo centraremos en la cuestión del carácter obrero de esos estados.

Este nos dice:

En primer lugar, la caracterización de la URSS, ya a partir de los años 30, como Estado obrero burocráticamente degenerado, de la cual derivó la caracterización de los Estados supuestamente “socialistas” de la posguerra como Estados obreros deformados. No era posible, en efecto, seguir hablando de “Estado obrero” –después del aniquilamiento de los soviets, del partido bolchevique, de la democracia obrera, con el surgimiento de una casta brutal y totalitaria privilegiada, después de las matanzas y deportaciones de millones de personas y cuando los campos de concentración, de trabajo esclavo y de exterminio estaban en el orden del día– sólo porque las empresas eran del Estado, existía el monopolio del comercio exterior y la economía estaba burocráticamente planificada y porque los advenedizos en el poder se veían todavía obligados a hablar de Marx, de Lenin, del socialismo (a los que prostituían y traicionaban a cada paso). La propiedad, aunque jurídicamente fuese “colectiva”, no era de la sociedad, sino de un Estado que se reforzaba mediante el terror, y su disfrute era monopolizado por una casta con valores y gustos capitalistas, estrechamente nacionalista e igualmente feroz en su relación con los trabajadores –supuestos dueños del poder estatal– que los gobernantes capitalistas anteriores. Esos estados, aunque no gobernados por capitalistas sino por burócratas, formaban parte de un solo mercado y de una relación mundial capitalista (que trataban de conservar con su política enterradora de revoluciones y de “coexistencia pacífica” con el imperialismo). Capitalistas de Estado, los burócratas estalinistas de todos los países “socialistas” preparaban el camino a la restauración pura y simple del capitalismo en condiciones semicoloniales o de dependencia del capital extranjero. Las ilusiones de gente inteligente, como Ernest Mandel, cuando el comienzo del derrumbe con Gorbachov, sobre la posibilidad de una revolución puramente política que regenerase el Estado “soviético” (que había acabado con los soviets 70 años antes), partían de la aceptación dogmática de esa caracterización errónea de Trotsky y de la total subestimación de los terribles cambios negativos introducidos durante más de 65 años por el estalinismo en la clase obrera y la sociedad de esos países, y en las fuerzas socialistas, a escala mundial.”

El primer problema es que el autor de estas líneas no supera al terreno descriptivo de las categorías sociológicas, pero no ingresa al terreno de la política, menos aún al de la política revolucionaria.

Ya en 1933 Trotsky consideraba que la dictadura del proletariado había degenerado y que se debía hacer una revolución para echar a patadas a la burocracia del poder. Pero esa revolución era una revolución política, y no social, porque no modificaba las bases estatales-colectivizadas de la propiedad. No era meramente un problema de una categoría, era un problema de que con qué política se enfrenta la situación y a esa casta parasitaria, y entre categoría y orientación política estratégica no podía haber contradicción.

Pero Almeyra nos dice que ni bien un estado obrero degenera deja de ser un estado obrero, y pasa a ser capitalismo de estado. Aunque nombrando muchos sucesos de diferentes fechas no nos dice en que momento dejó de ser un Estado Obrero la URSS, si fue en 1922 cuando los comunistas reconocían que los soviet estaban vaciados; en 1924 cuando muere Lenin y asume Zinoviev, Kamenev y Stalin; en 1927-28 cuando es derrotado y expulsado Trotsky; en el ’29 con la colectivización forzosa del campo; en 1936-37 cuando comienzan los infames Juicios de Moscú; en el 1939 cuando Stalin pacta con Hitler o después de la Segunda Guerra Mundial. Si tomamos como parámetro la vitalidad de los soviets dejó de ser un EO en vida de Lenin, con la paradoja de tener una dirección marxista revolucionaria que impulsa el capitalismo de estado, o sea un estado con una dirección revolucionaria que no está en transición al socialismo. Bien puede Almeyda decirnos indignado: “No importa cuando dejó de serlo, lo importante es que en ese período de 20 años dejó de ser una conquista de las masas y ya no había conquistas de la Revolución de Octubre que defender, ni siquiera que no exista la propiedad privada de los medios de producción, porque solo se trataba de un mero colectivismo”. Lo diga o no lo diga así, ese es el punto, porque la categoría de EOB apunta a graficar el génesis y lo que hay de bueno y de malo en dicho estado y formación económica-social, para saber como nos posicionamos los marxistas revolucionarios y que combate debemos dar. Los revolucionarios no estamos en el terreno de la sociología contemplativa, estamos en el terreno de la lucha revolucionaria por el socialismo.

Más adelante veremos que ni en el terreno sociológico sirve esa categoría estática de capitalismo de estado.

Los nuevos Estados Obreros Burocráticos

Trotsky no previo que el stalinismo podía salir fortalecido después de la Segunda Guerra Mundial y expropiar a la burguesía en toda Europa del Este, y que en ese marco, el ascenso de masas y la crisis económica capitalista podía obligar a las direcciones nacionales stalinistas a ir más allá de sus intenciones primarias en Albania, Yugoslavia, China y Corea del Norte, y posteriormente en Cuba y Vietnam. Pero que Trotsky no lo haya previsto, no niega que en estos países se expropió a la burguesía y al imperialismo y se construyó formaciones económica-sociales post-capitalistas, semejantes a la URSS, a las que los trotskistas llamaron EOB.

En estos Estados, que no degeneraron como la URSS sino que ya nacieron deformados, por no haber dictadura del proletariado –partido revolucionario, clase obrera y sus organismos democráticos–, el stalinismo consolidó rápidamente a la burocracia estatal y por esto mismo al nacionalismo negando la necesidad de la lucha por la revolución mundial. O sea, el stalinismo desde el mismo nacimiento de estos nuevos EOB tenía bloqueada la transición al socialismo. Esto se ve pronto con mucha claridad en Yugoslavia, donde el Mariscal Tito cuando se ve obligado a romper con Stalin y la URSS, en 1949, prefiere negociar con el imperialismo a desarrollar la democracia soviética y a extender la revolución.

Se equivoca Almeyra cuando dice que Trotsky se equivocó, porque éste supone que Trotsky hubiera considerado que podía haber “Estados Socialistas”[2] –dictaduras del proletariado–, sin revolución socialista, o sea, sin partido revolucionario y sin que sea la clase obrera la que haga la revolución e instaure un régimen de organismos soviéticos. Pero, mal que le pese a Almeyra y a tantos otros, no hay ideas semejantes en Trotsky, estas hubieran sido una revisión del marxismo.

Por esto, considerar que la URSS, junto a los otros países que en la Segunda post-Guerra expropiaron a la burguesía, eran Estados Obreros Burocratizados, no significa que la burocracia estuviese construyendo el socialismo. Trotsky dice todo lo contrario, dice que cada minuto que la burocracia está en el poder prepara las condiciones para la restauración capitalista.

Entonces, que Trotsky no haya previsto que el stalinismo, por situaciones excepcionales, podía ir más allá expropiando a la burguesía, no significa que la misma categoría de EOB no puede ser aplicada a esto nuevos estados que construyeron formaciones económica-sociales post-capitalistas idénticas a la URSS de los ’30. Más aún, esas formaciones económico-sociales post-capitalistas eran una conquista, distorsionadas pero una conquista al fin, de la lucha de clases mundial y de la lucha de los pueblos coloniales y semi-coloniales, y fueron tan importantes como cada golpe que se le dio al imperialismo.

Lejos de suponer que no era posible hablar de Estados Obreros Burocratizados, como nos dice Almeyra, era extremadamente necesario. Sencillamente, porque la categoría no era arbitraria y el término burocratizado hacía alusión a que en esos estados no existía dictadura del proletariado ni transición al socialismo, con todo lo que ello conllevaba. Y, puesto que esos estados se trataban de una conquista, había que defenderlos del imperialismo y de la misma burocracia que, a la corta o a la larga, los iba a entregar.

Demás está calificar la situación en la que cae Almeyra al hablar del supuesto dogmatismo de los trotskistas para con Trotsky, por defender ideas… que Trotsky nunca tuvo. Parecería ser que Almeyra asume las elaboraciones de M.Pablo y E.Mandel como si se tratara de las de L.Trotsky.

Continúa Almeyra: “La propiedad, aunque jurídicamente fuese “colectiva”, no era de la sociedad, sino de un Estado que se reforzaba mediante el terror, y su disfrute era monopolizado por una casta con valores y gustos capitalistas, estrechamente nacionalista e igualmente feroz en su relación con los trabajadores –supuestos dueños del poder estatal– que los gobernantes capitalistas anteriores.” Acá el autor descubrió el agua tibia, puesto que no dice nada nuevo a lo ya dicho por Trotsky durante toda la década del ’30, pero lo presenta como si fuese él el que descubre la situación.

En todo razonamiento que se precie de lógico, como en la física, hay pavor al vacío, así al rechazar la categoría de EOB Almeyra se ve obligado a reemplazarla por la de capitalismo de estado. En un sentido esto es mejor que la categoría de Estado Burocrático de M.Shatchman y el MAS argentino, por lo menos da cuenta de que en la época imperialista todo Estado tiene un signo de clase. Pero no nos explica por qué se trataría de un capitalismo de estado, si se refiere a la existencia de extracción de plus-valor, trabajo asalariado, monopolio de comercio exterior, plan económico y reinvención estatal, porque esto ya existía con Lenin y Trotsky dirigiendo el destino de la Republica de los Soviets, y existirá en todo proceso –mediando la revolución mundial– de transición al socialismo. Y si se refiere a que la burocracia explotaba a la clase trabajadora, puesto que el reparto de la masa de plusvalía era diferenciado, no solo no se dice nada nuevo puesto que esto ya fue analizado por Trotsky en La Revolución Traicionada de 1936, sino que es no entender qué es burocracia y qué es un EOB. Si la burocracia stalinista no hubiera tenido prebendas y privilegios (reparto diferenciado) no sería burocracia, ni la URSS se habría burocratizado, ni los Estados de la Segunda post-Guerra hubieran nacidos burocratizados. Y, ni Almeyra estaría haciendo los esfuerzos que hace por intentar entender y explicar el problema.

La categoría de capitalismo de estado tiene un problema mayor, porque no puede dar cuenta de los diferentes momentos del EOB; cuando la burocracia guardaba y defendía las formas estatales de producción, cuando la burocracia empezaba a planificar conscientemente desde el estado la restauración capitalista, o cuando la ingerencia de la ley del valor en la vida económica de esos países es tal que ya hay que definir a ese estado como estado capitalista naciente, este es el caso de China, Cuba y Vietnam (y en dinámica Corea del Norte), independientemente que en estos países el poder monopólico de los PC’s no se hayan derrumbado. Pero, para los capitalistas de estado, siempre se trataría de capitalismo de estado sin ver los diferentes momentos históricos entre EOB, EOB en descomposición o estados capitalistas nacientes.

Sin embargo no se trata solo de una mayor ductilidad de una categoría para graficar una situación, es mucho más que esto. Porque con la concepción de capitalismo de estado antes de ’89-91 no se podían posicionar correctamente contra la restauración capitalista y las privatizaciones, después de todo, para estos, no había nada que defender si el Estado ya estaba impregnado por el capital.

De allí es lógico que estas corrientes ideológicas, de capitalismo de estado o de estado burocrático, hayan apoyado las consignas democrático-burguesas para instaurar una democracia burguesa y la vuelta del capitalismo. Esto es, es lógico que no se hayan situado por la defensa del EOB, hasta la última trinchera al decir de Trotsky, contra toda la burocracia y hayan apoyado las políticas de las alas “democráticas” de la burocracia restauracionista.

El revisionismo que se dice trotskista claudicó

Se podrá argumentar que la definición de EOB, en sí misma, tampoco garantizaba un posicionamiento correcto. No, claro que no, pero valga esto como ejemplo: que Mandel y el SU hayan apoyado el gobierno sandinista, o Lambert-Just a la socialdemocracia en Francia, no significa que la teoría de la revolución permanente sea equivocada, sino solamente que Mandel, Lambert y compañía claudicaron.

De la misma forma podemos decir lo mismo de las corrientes que no defendieron el legado teórico-programático de Trotsky y que por esto le claudicaron a una u otra ala de la burocracia restauracionista. El SU está en la primera fila de estas corrientes, y muy lejos estaba Mandel de luchar por las posiciones puras de revolución política de Trotsky, como sorprendentemente nos dice Almeyra, porque éste primero apoyó la Perestroika aconsejando a Gorbachov, para después, en 1991, considerar que Yeltsin andaba tras los pasos de Trotsky…. ¿Podrá seguir insistiendo Almeyra que Mandel luchaba por la revolución política que planteaba Trotsky?

Sin embargo, más allá de esto, lo que Almeyra nos dice es que debido al carácter capitalista de estado, de su semicolonización, y “la total subestimación de los terribles cambios negativos introducidos durante más de 65 años por el estalinismo en la clase obrera y la sociedad de esos países, y en las fuerzas socialistas, a escala mundial” no estaba planteado o no se podía luchar por la revolución política, aunque esto se oculta detrás del término meramente política, dando a entender que también debía ser social la revolución, pero la burguesía no existía en esos estados en 1989-91.

En definitiva, Almeyra con su “aporte”, nos da a entender que desde fines de 1920, ya estaba todo perdido y que no había nada que defender. Así, los anti-defensistas del “Estado burocrático” o del “capitalismo de estado”, que dicen no ser dogmáticos y creen que con sus concepciones están más armados, cuál teoría como guía para la acción, en realidad esconden la adoración de los hechos consumados y una adaptación, crítica pero pasiva, a la burocracia y posteriormente a la burocracia restauracionista.

Los revolucionarios marxistas decimos lo contrario, decimos que aunque nos quedemos solos porque las masas estén confundidas detrás de tal o cual variante burocrática stalinista, es nuestra obligación decirles la verdad. Decirles que todas esas alas de la burocracia buscan restaurar el capitalismo, y que solo la ocupación de fábricas, el desarrollo de organismos tipo soviéticos de masas y la construcción del partido revolucionario que realmente luche por el socialismo podía revertir ese curso.

Es una desgracia si no somos escuchados, como era muy probable que ocurriera por el desastre hecho por el stalinismo en la conciencia de las masas, pero es una desgracia mayor, porque es una traición a la clase trabajadora y al socialismo, si no tenemos el valor de no ser popular y acomodamos nuestro programa aceptando el capitalismo detrás de algún ala “progresista y democrática” de la burocracia stalinista reciclada; o solamente con la aceptación pasiva del proceso, lo que en definitiva es lo mismo.

El marxismo principista en la época imperialista

Toda esta corriente de opinión, de la cual Almeyra es un exponente aislado pero en la que se destaca Socialismo Internacional orientada por el SWP inglés, tiene buenos literatos y prestigiosos intelectuales que han escrito sendos libros y manejan un pretendido marxismo puro buscando ir hacia un “marxismo clásico”. Nada puede haber contra esto si se lo hace bien, o sea, si no se hace abstracción de la época imperialista descripta por Lenin. Y así junto a Marx podemos decir “Nuestro Estado es el Estado de la dictadura del proletariado”, sin olvidarnos, que aunque no sean “nuestros estados”, es de principios defender a los países semi-coloniales y a las economías no-capitalistas de los ataques imperialistas.

La LIT-CI –corriente de la que provenimos– y las corrientes que de allí surgieron (UIT-CI, CITO, FT, FLT, etc.), sin ser anti-defensista, ni tan escandalosa como el SU de Mandel, también claudicaron detrás de concepciones democratistas dividiendo en dos partes, o etapas, a la revolución política. Pero en este artículo no estamos haciendo ni una defensa ni una acusación a las diferentes corriente, sólo hacemos una defensa de la categoría de EOB de Trotsky, y nos propusimos demostrar que cualquier otra categoría lleva directamente a la claudicación a la burocracia stalinista pro-capitalista.

Pensemos solamente en Polonia del ’81, cuáles debían ser las consignas adecuadas. No es de extrañar que los anti-defensistas, del Estado burocrático o de capitalismo de estado, en vez de levantar consignas antiburocráticas y anticapitalistas que apunten al poder obrero, avanzaron consignas totalmente democráticas burguesas, porque no consideraron que a esas formaciones económico-sociales post-capitalistas haya que defenderlas, y en ese marco conceptual, para ellos era preferibles la democracia burguesa a esos regimenes dictatoriales.

Es una obligación de los trotskistas principistas plantarse firmemente en este punto porque el revisionismo que se dice trotskista intenta disfrazar sus claudicaciones echándoles la culpa a Trotsky, cuando en realidad claudicaron ellos por alejarse del legado teórico-programático de Trotsky y la IV Internacional hasta 1940.

Aunque también, frente al colapso ignominioso del stalinismo, muchos honestos compañeros sin ver todas las implicancias del problema, y sin conocer las viejas discusiones sobre el tema pueden sinceramente aceptar estas concepciones pensando que con ellas soluciona algún problema teórico, o creyendo que así se le dan un golpe verbal al stalinismo que efectivamente no estaba construyendo el socialismo.

Pero lo cierto es que todo esto es post-festum, y cuando estas concepciones fueron planteadas en tiempo y forma no pasaron la prueba de la viva; M.Shachman termino apoyando la invasión a Cuba, T.Cliff manteniéndose neutral frente a la invasión de EE.UU en Corea. Y ambos, y sus seguidores, sorteando todas las enseñanzas de la critica a la economía política de Marx, Lenin y Trotsky, considerando imperialista a la URSS y no la defendían ni frente a la invasión nazi, menos aún ante un posible ataque de los EE.UU. Una verdadera claudicación total a sus respetivos imperialismos “democráticos”.

Leyendo atentamente a ciertos marxistas, cuánta razón tenía Trotsky cuando decía que con palabras se puede demostrar cualquier cosa. En el caso especifico de Almeyra, sea por premeditación o solo por confusión, lo cierto es que éste, y tantos otros, no critican a los trotskistas por no haber llevado adelante la orientación de Trotsky, sino por ser dogmáticos y seguir a Trotsky, cuando en realidad esos supuestos trotskistas dogmáticos se dedicaron con mucho esmero a revisar el legado teórico-programático de Trotsky.

Sin embargo, confundidos o no, ambos, los renovadores y los supuestos ortodoxos dogmáticos, se dicen trotskistas y coinciden en ser igualmente revisionistas. Solo basta analizar las posiciones y políticas del Secretariado Unificado, de Socialismo Internacional y de tantas otras corrientes de la Segunda post-Guerra.

En este artículo no tenemos respuesta a todo, ciertamente la crítica marxista corregirá algunos aspectos o hará ver algún tópico no analizado. Como se intenta demostrar, que la categoría de EOB sea correcta no quiere decir que los trotskistas de la Segunda post-Guerra hayan sido consecuentes con el análisis de L.Trotsky, y que no arrastren muchas concepciones equivocadas, de las que no estamos exentos.

Apostamos a que la crítica haga su tarea, y creemos que ésta servirá no solo para la cuestión de la categoría de EOB, sino para entender la transición al socialismo de cara a la experiencia histórica que significó la URSS.


[1] Tomado de www.nodo50. Revista Buscando un nuevo camino. Guillermo Almeyra es un destacado intelectual argentino-mexicano, director de la revista del OSAL, profesor de posgrado en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Ex profesor-Investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana de México (UAM), unidad Xochimilco, en el posgrado Integrado en Desarrollo Rural. Ex profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), escritor, y editorialista del diario La Jornada; autor de La protesta social en la Argentina. Panelista del simposio organizado por el Instituto del Pensamiento Socialista (instituto orientado por el PTS argentino), y colaborador de la Revista Herramienta.

[2] Uso el término de Estados Socialistas, porque es el que usa Almeyra, pero en realidad esta definición fue una de las tantas concesiones, en este caso terminológicas, del pablismo-mandelista al stalinismo; puesto que solamente puede haber Estado Socialista con la revolución socialista mundial. El Estado es socialista, no cuando estatiza, sino cuando empieza a dejar de hacerse cargo de la producción, distribución y administración, cuando está socializando y abriendo las puertas al Comunismo, proceso que lleva a la desaparición del Estado. Pero en todo el proceso de transición previo a la revolución socialista mundial el Estado es obrero, es el Estado de la dictadura del proletariado.


Marcelo Ríos

Por la LCT

11/04/09

URSS: En defensa del legado teórico-programático de León Trotsky. Parte II -El MAS y los Estados Burocráticos-

La Liga Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional (LIT-CI) dirigida por el Movimiento al Socialismo, de finales de los ’80 y principios de los ’90, chocó todo su corpus teórico-programático contra la cruda y dura realidad del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS. Estos procesos pusieron a prueba las concepciones revisionistas de la “revolución democrática” y el afiebrado análisis objetivista de la realidad nacional y mundial, con la cuál había dejado “armada” Nahuel Moreno a la LIT-CI en los últimos años de su vida.

Lo antedicho en nada invalida varios aportes y batallas políticas esencialmente correctas dadas por N.Moreno y su corriente con anterioridad. Y el hecho de que ninguna de las otras corrientes trotskistas haya respondido adecuadamente a los procesos del 89-91, no nos debe impedir hacer las críticas necesarias a la vieja LIT-CI, y también al nuevo MAS.

Después de muchas autocríticas –y rupturas–, sin ir demasiado a fondo en los problemas teóricos programático que llevaron a la claudicación a la democracia burguesa y por esa vía a la burocracia y la restauración capitalista; a mediados de los ’90, el MAS sacude a la LIT-CI y al trotskismo en general con un nuevo-viejo descubrimiento. Descubre que la URSS –y los estados congéneres– no había sido ni Estado Obrero ni Estado Burgués, ahora se trataba de un Estado Burocrático.

Efectivamente, Eduardo Romero, dirigente del MAS y la LIT-CI, edita en 1994 Después del Estalinismo, libro que buscaba demostrar que la URSS, y los otros Estados surgidos de la Segunda post-Guerra, no fueron Estados Obreros Burocráticos (EOB). Si bien el libro comienza con la URSS de Lenin y Trotsky, el cambio del carácter de clase de la URSS lo sitúa, brumosamente, en la inmediata Segunda post-Guerra, pero al no poder mostrar un cambio cualitativo entre la URSS de antes de la Segunda Guerra, con la URSS de la post-Guerra, su análisis bien puede ser llevado a la década del ’30 sin mayores complicaciones. Salvo que existe un problema, y se trata de un problema político de peso: en la década del ’30 vivía Trotsky y combatía esas concepciones. De allí que en la “actualización” de Romero se hacen grandes esfuerzos para sortear ese problema buscando no enfrentarse a las elaboraciones de Trotsky…, y tampoco a las de Moreno cuando éstas coinciden con las de Trotsky.

A partir de dicho libro, la cuestión de las respuestas políticas que se dieron en 1989-91 a esos procesos ya no eran muy importantes, porque después de todo, el trotskismo estaba equivocado desde hace cuatro décadas. Y si se escarbaba un poco más, y si se era lógico con el razonamiento, Trotsky y el trotskismo vivieron engañados, evidentemente por sus limitaciones teóricas-conceptuales para poder analizar esos procesos. De allí que el enfoque, de mediados de los ’90, estaba puesto en que no eran en ninguna forma obreros estos estados, y por eso mismo el proletariado de esos países no los defendió. De lo que se trataba entonces era sólo de sacar todas las conclusiones de la transición al socialismo.

Amen de los móviles y las conclusiones, el esfuerzo en extraer las lecciones de la transición fue lo único rescatable de ese período del MAS, aunque más no sea porque obligó a estudiar a esos estados y su desenlace. Fue esto lo que diferenció al MAS del MST –y actualmente Izquierda Socialista– que todos los años saluda la caída del Muro de Berlín; al PO de Altamira que seguía esperando la “quinta” revolución rusa –tomando la revolución de 1905, las dos de 1917, y evidentemente la caída de Gorbachov y la asunción de Yeltsin en 1991 también se trataba de una revolución para Altamira–, claro que a los pocos años se olvidó de ello y cambió de tema. Y también marcó diferencia con el PTS –y sus varias rupturas actuales–, que encontrando una gran beta propagandística en la crítica a N.Moreno fue más objetivista que éste en las respuestas a los acontecimientos de 1989-91. Tanto es así que hasta principios del 2002, el PTS, seguía diciendo que la URSS era un Estado Obrero (burocrático y en descomposición); sí, sí, la Rusia de Yeltsin y Putín un Estado Obrero…

Pero ese mérito que nadie le puede quitar al MAS de la segunda parte de los ’90, se desdibuja totalmente con las conclusiones a las que se arribó. Lo que empieza mal, por tener un eje cambiado, tiene muchas posibilidades de terminar mal. Ese intento de sortear a Trotsky para responsabilizar al trotskismo de la Segunda post-Guerra, porque supuestamente fueron ortodoxos o dogmáticos con el análisis de Trotsky de la URSS y lo extrapolaron a los países del Este Europeo, y las revoluciones de Yugoslavia, China Corea, etc., etc., es tan absurdo que termina dando a entender que M. Pablo, E. Mandel y P.Frank defendieron –al menos dogmáticamente– el programa trotskista, cuando éstos no fueron más que grandes revisionistas del legado teórico-programático la IVª Internacional en vida de Trotsky.

Hoy, más que hace 15 años, los compañeros del nuevo MAS se esfuerzan en que sus concepciones del “Estado Burocrático” no queden pegadas con las concepciones antidefensistas de M.Schachtman y su “colectivismo burocrático”, como de la posición, igualmente antidefensista, de T.Cliff en sus concepciones de “capitalismo de estado”1 para la URSS y estados congéneres. También del grupo-revista Socialismo o Barbarie de C.Castoriadis y compañía. Todos estos antidefensistas terminaron claudicándole directamente al imperialismo al no apoyar la lucha de las nacionalidades oprimidas, sean coloniales o semicoloniales, ni siquiera frente a las invasiones del imperialismo, so pretexto que se fortalecía el imperialismo soviético o que las democracias imperialistas eran el último reducto posible del socialismo revolucionario que resistía al stalinismo. No se sabe por qué el MAS no se delimita también de N.Sedova y G.Munis que igualmente arribaron a esas concepciones y se negaron a defender a Corea contra el ataque y la invasión del imperialismo norteamericano en 1952.

El mismo Romero, en dicho libro citado, se vio obligado a reconocer que los que llegaron a esas concepciones de “Estados Burocráticos” terminaron en el basurero de la historia; pero seguramente creyeron que en el momento de elaborar esas concepciones, cuando la URSS ya no existía, tampoco existía ese problema. ¿En el marxismo, que es la teoría de la transformación, para qué sirve una concepción que sólo puede ser útil cuando todo ya pasó?

Pero los dirigentes del MAS bien podrían decirnos que se trataba de una concepción importantísima, y que si ellos hubieran estado armados de ella, hubieran mantenido bien altas la banderas del “Estado Burocrático” sin claudicarle al imperialismo. No habría que estar tan seguro sobre la última parte de esta frase, y no por poner en duda las buenas intenciones de los compañeros del MAS, sino porque analizando la importancia de la categoría de Estado Burocrático versión MAS, veremos que se trata de un bluff adornado de muchas palabras sofisticadas y un buen estilo literario, pero que complica mucho más todo dejando muy magros resultados positivos y muchos, e insalvables, resultados negativos.

E.Romero rompió en una de sus tantas rupturas del MAS a principios del 2000, ni siquiera este partido es ya parte de la LIT-CI, incluso ahora se llama nuevo MAS. Pero las elaboraciones de Romero se mantienen a través de sus dos más importante dirigentes, Roberto Sáez y Roberto Ramírez.

Con algo de C.Raskosky, oposicionista de izquierda rumano-ruso, y mucho de P.Navillie –que arbitrariamente define “Socialismo de Estado” a ese tipo de sociedades–, éstas son pues las ideas centrales del nuevo MAS:

1- Se trataba de Estados Burocráticos, de una formación de explotación mutua con reparto diferenciado, que al burocratizarse estancó la transición al socialismo, pero igualmente había que defenderla del imperialismo. La burocracia cuyo carácter de clase no es obrera sino pequeño-burguesa, es una casta parasitaria, pero más que una casta común y menos que una clase orgánica.

Sacando la cuestión del asexual carácter de clase del Estado Burocrático, todo lo demás se puede compartir, es más, es lo que plantea Trotsky a mediados y fines de los años 30. Sin embargo Trotsky dice algo más, dice que siempre los Estados tienen signo de clase, y más precisamente en la época del imperialismo es imposible que un Estado no tenga signo de clase. Pero el MAS considera que la URSS se trató de una formación económica-social post-capitalista, que había que defenderla, cuyo Estado se trataba de un Estado burocrático porque era controlado por una burocracia parasitaria, despótica y explotadora. ¿Pero acaso eso no es un Estado Obrero Burocrático? ¿O qué otra cosa escribió Trotsky en La Revolución Traicionada? ¿O es que Trotsky y los trotskistas creyeron que URSS de Stalin era una mezcla de la Comuna de Paris con la utópica Icaria?

2- El MAS considera que sin clase obrera dirigida por un partido revolucionario no hay revolución socialista y lógicamente allí, como en los países del Este europeo, donde se expropió a la burguesía con la ocupación del Ejército Rojo menos aún fueron socialistas esos procesos, no sólo por el problema de la dirección y la ausencia de la clase en el proceso, sino porque ni siquiera hubo revolución. Y en los países donde hubieron revoluciones (Yugoslavia, Albania, China, Corea, Vietnam), esas revoluciones, y Estados surgidos de ellas, tampoco fueron socialistas, por ausencia del partido revolucionario y de la clase obrera; sólo se trató de revoluciones agrarias, anti-imperialistas, etc., donde sus direcciones se vieron obligadas a ir más allá expropiando a la burguesía y al imperialismo.

Acá no hay gran innovación, después de todo es lo que algunas veces dijo Nahuel Moreno cuando decía que dichas revoluciones se trataban de “revoluciones de Febrero” que fueron más allá de lo previsto hasta por sus propias direcciones burocráticas y/o pequeñas burguesas, las que para llevar adelante las tareas democráticas-burguesas estructurales se vieron obligadas a expropiar a la burguesía y al imperialismo.

Pero nuevamente nos encontramos con el problema del punto anterior. Por un lado esos nuevos Estados tienen un génesis diferente con respecto a la URSS, porque no hubo revolución socialista (Octubre) o sea, partido revolucionario, como el Bolchevique, dirigiendo a la clase obrera y régimen de Soviets, y por esto no hubo Dictadura del Proletariado en el sentido pleno del término. Hasta acá estamos de acuerdo. Pero, estas direcciones burocráticas y/o pequeño-burguesas, al haber expropiado a la burguesía y calcado, a grandes rasgos, la forma económica-social de la burocratizada URSS de la Segunda post-Guerra –que era exactamente igual a la del ’30 analizada por Trotsky–, dichos estados surgidos fueron igualmente Estados Obreros Burocráticos, y a diferencia de la URSS que degeneró, éstos ya nacieron deformados.

O sea, independientemente de que se considere revoluciones socialistas, a Yugoslavia, China, Cuba, etc., etc., o se las considere revoluciones democráticas-sociales, como las consideramos nosotros –N.Moreno y el MAS dice algo parecido–, el punto es otro. La cuestión es que si esas revoluciones calcaron la forma ya burocratizada de la URSS y construyeron el mismo tipo de Estados o formación económica-social, entonces el MAS al definirlos como Estados Burocráticos, no discute con los trotskistas actuales ni con los trotskistas de la inmediata Segunda post-Guerra; el MAS cuestiona y niega el análisis de Trotsky sobre el carácter de clase de la URSS de toda la década del ’30.

Los experimentados dirigentes del MAS, para mantener esas elaboraciones que ya llevan 15 años, y no hacer una revisión deshonesta, deberían decir: “Sí, Trotsky se equivocó, nunca hubo Estado Obrero Burocrático, ni bien se cristaliza una burocracia en un Estado Obrero, éste pierde su carácter de clase.” Pero no dice nada de eso y prefiere hacer pasar deshonestamente sus posiciones como si fueran las de Trotsky.

¿Si se considera que Trotsky se equivocó, qué hay de malo en decirlo? ¿Acaso Trotsky no se equivocó con la cuestión de la estatización de los sindicatos, queriendo prolongar el comunismo de guerra en 1920; y no se equivocó cuando pactó con Stalin, en 1922, sobre la cuestión de Georgia, contradiciendo al Lenin enfermo que quería que vaya a fondo y le propine una severa derrota política a Stalin; y cuando, con todos los otros miembros de la Internacional Comunista, orientaba a los comunistas chinos a ingresar y permanecer en el Kuomintang hasta 1925, y después cambió; y no se equivocó con la analogía del Termidor que años después tuvo que corregir? El MAS se muestra muy heterodoxo, alegre y fresco, pero si se raspa un poquito esa frágil cubierta nos encontramos con los prejuicios y el dogmatismo que tanto se ufana en criticar a los demás.

Sin embargo, supongamos por un momento que esa revisión deshonesta –deshonesta por lo solapada que es– fuese, pese a todo, para un fin loable. Supongamos que se trate de una revisión que los situaría mejor para entender lo que ocurrió en los procesos del ’89-91 y, puesto que no tienen dudas de que sus respuestas fueron un dislate (¡vaya categoría “marxista” que usó Romero en dicho libro!), de esa forma mejor se hubiera defendido a esas formaciones económicas-sociales que dicen que había que defender. Pero es en vano querer encontrar algo así, allí nunca estuvo puesta la preocupación de los diferentes teóricos del MAS. El “defensismo” es un vulgar antiimperialismo, puesto que sólo es un defensismo frente a las agresiones del imperialismo, y no también un defensismo del EOB frente a la burocracia, la misma de la que Trotsky decía que cada día que continuara en el poder preparaba las condiciones de la restauración capitalista.

Esa conclusión, y falta de programa de lucha por la revolución política, era perfectamente lógica; veamos: si dichos “Estados Burocráticos” no son en ningún sentido obreros, entonces tampoco son nuestros Estados en ningún sentido, ni hay gran cosa por defender. A lo sumo hay que posicionarse contra las privatizaciones como en cualquier país burgués semi-colonial ¡¡¡Vaya programa de revolución política!!! ¿Pero eso no es claudicarle a la burocracia stalinista en proceso de reconversión, que tanto se dicen odiar?

Es cierto, el MAS discutió y analizó mucho en estos últimos 15 años, pero como dice el refrán popular “No por mucho madrugar se despierta más temprano” o no por mucho estigmatizar de dogmáticos a los opositores se es más marxista principista. Después de todo –y hablando de dogmas versus teorías como guía para la acción–, tales nuevas teorías no le sirvieron, ni le sirven, aunque más no sea a posteriori, como una guía para la acción en los procesos de 1989-91.

Por otra parte, la revisión a Trotsky se hace mucho más manifiesta puesto que no se trata meramente de una categoría, de EOB a EB, en realidad se trata de un cambio de toda la orientación de lucha por la revolución política en los EOB.

3- Trotsky deja de considerar una Dictadura del Proletariado a la URSS a mediados de la década del ’30, cuando empieza a plantear la necesidad de la revolución política. Las pocas veces que hace alusión a la Dictadura del Proletariado en la URSS es para decir que ella degeneró o para decir que de ella sólo se mantiene la propiedad estatal de los medios de producción, que la burocracia todavía guardaba y, a su manera –la peor de todas posibles–, defendía contra la propiedad privada de la burguesía, que ésta y el imperialismo querían introducir. Esa dictadura del proletariado no era la verdadera Dictadura del Proletariado, y la nacionalización de los medios de producción era sólo un elemento que quedaba de lo que había sido la Dictadura del Proletariado de la URSS de Lenin y Trotsky. Incluso, la nacionalización de los medios de producción es un elemento secundario, porque la Dictadura del Proletariado como formulación política de régimen y Estado del período de transición al socialismo, requiere principalmente de una dirección revolucionaria. Así, aunque no se haya expropiado al grueso de la burguesía industrial o rural, ese país es una Dictadura del Proletariado si está dirigido por una dirección revolucionaria –bolchevique–, como ocurrió en la URSS de 1917 a 1919.

En definitiva, Trotsky planteaba que la URSS no era una Dictadura del Proletariado en el sentido político, general y revolucionario del término, pero que sí lo era en el sentido de la formación económica-social creada por la nacionalización de los medios de producción, y que esto había que defender porque era un punto de apoyo importantísimo para luchar contra la burocracia, y barriéndola del poder instaurar una verdadera Dictadura del Proletariado, reencausando así el rumbo socialista de la revolución, de la transición o del EO.

El MAS niega que hubiera una Dictadura del Proletariado en la URSS, porque se queda en la formulación política general de la Dictadura del Proletariado (aunque siempre edulcorándola), planteando también que hay que defender las formas nacionalizadas de los medios de producción, distribución y de cambio (aunque ya vimos en qué consiste ese “defensismo”) y nos dice que esos estados no eran socialistas, ni estaban en transición al socialismo.

Podemos estar de acuerdo, de hecho Trotsky en toda la dura polémica con los antidefensistas, de finales de los ’30, nunca volvió a fundamentar desde el ángulo de una supuesta Dictadura del Proletariado en la URSS, planteó siempre la defensa de la URSS desde el ángulo del carácter de clase del Estado, por caro que esto sea para el MAS. Por lo demás, todas las otras conclusiones del MAS enunciadas arriba, son las mismas que dice Trotsky. Repetimos: podemos estar de acuerdo, sino fuera que el MAS usa esa definición general de Dictadura del Proletariado, para decir la vulgaridad común a todos los formalistas, que, puesto que la clase no dictaba, entonces la URSS no es un Estado Obrero, en ningún sentido.

Y elucubran así cuando el mismo Trotsky se encargó de analizar la degeneración de la URSS y de definió como Estado Obrero Degenerado. Ese término, degenerado o burocrático, al final de la formulación no es arbitrario, nos está indicando que no se trata de un Estado Obrero revolucionario. O sea, el término degenerado o burocrático nos dice que no hay una verdadera Dictadura del Proletariado, sólo elementos de ésta en la nacionalización de los medios de producción, que hay que defender; y que los que dictan, mandan o dirigen son los burócratas.

Pero el nuevo MAS, diciéndose trotskista, se empeña en decirnos conclusiones opuestas a las de Trotsky, no sólo sin decirnos que lo está revisando, sino que también arribando a conclusiones claudicantes y confusionistas. Y como veremos a continuación esas teorías no tiene consistencia lógica ni punto de apoyo histórico.

4) Así como el viejo-nuevo MAS mete bajo la alfombra la ausencia de respuestas políticas para enfrentar la restauración capitalista, Roberto Ramírez nos dice, a modo de pregunta, bajo el título de “Una pregunta molesta que muchos prefieren barrer bajo la alfombra”,2 que: “En esto de los “estados obreros” sin obreros, que llenaron el siglo XX, hay una pregunta fastidiosa para la gran mayoría de las corrientes que se reclaman del marxismo revolucionario: ¿Cómo se volvió al capitalismo sin que mediasen contrarrevoluciones sangrientas, guerras civiles o invasiones imperialistas que destruyesen esos “estados obreros” y despojasen también a la clase trabajadora (supuestamente la clase dominante) de la propiedad de los medios de producción y en general del dominio de la sociedad?” (resaltado nuestro)

No molestan en absoluto las preguntas del compañero Ramírez, sólo dan un poco de vergüenza ajena. Por un lado, hay que repetir una vez más que, para Trotsky y el trotskismo en general, la clase obrera fue expropiada del poder por la burocracia, ella no era la clase dominante en la sociedad en ninguno de esos países o Estados, sino que estaba dominada por una casta burocrática parasitaria: parece que el MAS no entendió nada de la lucha librada por Trotsky y la Oposición de Izquierda en la segunda mitad de la década del ’20 y todo el ’30. ¿Cómo se volvió al capitalismo sin una contrarrevolución y/o derrota física? En La Revolución Traicionada, de 1936, Trotsky deja claro que si no hay contrarrevolución burguesa (en el sentido del desalojo violento de la burocracia por la burguesía y el imperialismo) y tampoco revolución política, la burocracia al continuar en el poder terminará apoyándose en las relaciones de propiedad. ¿No saber todo esto es ignorancia o es pura amnesia polemista?

Pero el compañero Ramírez continúa victoriosamente: “Eso, insistimos, habría sucedido sin resistencias notables de la clase trabajadora. Los trabajadores de los estados burgueses de Occidente han resistido más las privatizaciones de empresas públicas que las clases obreras de la URSS, el Este y China la restauración del capitalismo. No hicieron gran cosa para defender la propiedad nacionalizada (para no hablar del supuesto “estado obrero” en su conjunto y de su “dictadura del proletariado”).

La clase obrera no defendió las bases sociales de los Estados Obreros Burocratizados porque éstos estaban, desde principios de los ’80, en un franco proceso de descomposición. La crisis mundial del capitalismo –debido al agotamiento del boom de la Segunda post-Guerra desde mediados de los ’70, y como los EOB no constituían otra economía paralela e independiente, sino que se trataba de una parte subordinada a la totalidad económica mundial capitalista–, arrastró a las economías dependientes de los EOB a una progresiva situación casi de semi-colonialidad, caída del rendimiento de productividad, endeudamiento con los entes financieros mundiales, apertura de la brecha tecnológica, etc. etc. Parece paradójico que el mismo compañero Ramírez desconozca lo que él mismo –y la corriente morenista de la que fue parte– ha dicho correctamente muchas veces.

En este marco, la clase obrera de los EOB en descomposición estuvo resistiendo los planes de ajuste impuestos por el imperialismo, pero llevados adelante por la misma burocracia con fuertes represiones a sus luchas y persecuciones políticas que imposibilitaron construir cualquier dirección proletaria. A finales de los ’80, con economías en bancarrota y sin dirección revolucionaria, las masas obreras lucharon por reivindicaciones económicas, pero frente a los importantes procesos políticos prácticamente se paralizaron. Sólo algunos sectores de ésta siguieron a las diferentes alas de la burocracia, generalmente demócratas-liberales o nacionalistas en las nacionalidades oprimidas, por lo general igualmente demócratas-liberales y restauracionistas, al igual que las alas duras o conservadoras de la burocracia que no querían terminar con el monopolio del PC para restaurar el capitalismo “en frío” o “desde arriba”, y tener más tiempo para hacer una acumulación capitalista.

El MAS y el compañero Ramírez no entienden que no hay que ser muy genio para darse cuenta que la clase obrera de los EOB no tuvo ninguna opción política de clase, y que frente a tanta confusión, y parálisis en la clase, la burocracia no tuvo necesidad de derrotarla físicamente. No es tan difícil darse cuenta de esto, pese a lo que digan el MAS y las otras corrientes que se dicen trotskistas.

Esta situación, de bancarrota económica e inexistencia de dirección proletaria independiente, proclive a la restauración y de ausencia de grandes luchas contra los planes privatizadores, se dio por la descomposición de los mismos EOB, y porque durante los más de treinta años previos no hubo ninguna revolución verdaderamente socialista, que sólo podía ser conducida por el trotskismo, en alguno o varios países del mundo.

¿No es anti-marxista pensar que todo está expuesto al cambio pero no los EOB, cuando más condicionados estaban por la misma crisis y descomposición del capitalismo? Y ¿No es absurdo, y anti-trotskista, pensar que se iba a poder rescatar a los EOB de la restauración capitalista sin la revolución mundial, sin solucionar el problema de los problemas que es la crisis de dirección revolucionaria del proletariado mundial?

Sin embargo, y como si fuese poco, ese no es el único problema que tiene el razonamiento del compañero Ramírez. Incurre en una contradicción histórica mayor cuando quiere demostrar que no eran EOB por el hecho de que las masas no defendieron las bases sociales y económicas de dichos Estados; porque en Alemania de 1953, en Hungría de 1956 y en Checoslovaquia de 1968, y parcialmente en Polonia de 1981, las masas se levantaron contra la burocracia stalinista defendiendo las bases sociales de esos Estados. ¿O será que en esos casos para Ramírez sí eran EOB? Pero el MAS nos dice todo lo contrario… ¿Entonces, será que en esos países que sí hubo derrota física se restauró inmediatamente el capitalismo? El MAS sabe que no es así... Bueno, ¿entonces no será que el argumento que tan victoriosamente esgrime no sirve para nada?

¿Y…, no serán estas preguntas muy molestas y fastidiosas para las revisiones impresionistas del “Estado Burocrático” del compañero Ramírez y los cuadros dirigentes del MAS?

5) El nuevo MAS –al igual que Cimientos de N.Ciaponni y la antidefensista Tendencia Socialista Internacional de T. Cliff, adhiere y habla laudatoriamente del texto Socialismo desde abajo3 de Hal Draper. Este autor, buscando enfrentarse al elitismo y al substitucionismo –como Lenin lo hacía con el ultimatismo de Bordanov–, supera a R.Luxemburgo en su espontaneísmo porque se desliza hacia la toma de conciencia socialista por las grandes masas de forma evolutiva, poniendo el acento en la conciencia socialista y no en la conciencia política de clase y el rol forjador de ésta por el partido revolucionario, tal como planteaba Lenin.

De igual manera, tras la conquista del poder, en la Dictadura el Proletariado (categoría de la que H.Draper nunca habla) tampoco el socialismo, o la transición al socialismo, es meramente desde abajo. Dicho de otra forma; por muy extendidos y democráticos que sean los soviets y el control obrero de la producción, sin las decisiones correctas del partido revolucionario no sólo que la clase no puede tomar nunca el poder sino que tampoco podrá mantenerse en él. Y no solamente son las decisiones correctas en el plano político-económico sino también en la represión y coerción –Cheka– a las clases poseedoras. Dicho de otra forma; la clase obrera, y su partido revolucionario, no tiene posibilidades de mantenerse en el poder sin responder al indefectible terror blanco de la contrarrevolución, con el terror rojo del proletariado en el poder. Draper, la TSI, el MAS y Cimientos, imbuidos por el democratismo pequeño-burgués, parece que no se dan cuenta que se trata de una Dictadura del Proletariado.

Pero Draper, diciéndose marxista y hasta trotskista, en sus más de 10 páginas de ensayo nos hace un recorrido sobre toda la historia del socialismo marxista –y hasta del anarquismo–, para fundamentar su socialismo desde abajo supuestamente democrático y revolucionario, se olvida de mencionar, nada más ni nada menos, a la Rusia Soviética, al menos en sus 4 primeros años, y también se olvida de Lenin y de Trotsky, que aparentemente sus ideas no son dignas de ser mencionadas.

El socialismo desde abajo del que nos habla Draper –y el que aprueba el MAS–, queriendo enfrentarlo al burocratismo estatal del stalinismo y todo tipo de “socialismo” desde arriba, no pasa la prueba de la teoría marxista y la experiencia histórica, porque se transforma una versión edulcorada y facilista que subestima a la burguesía y al imperialismo, término este último que por otra parte tampoco aparece en ese escrito ultra-revisionista.

Conclusiones generales

Si los que adherían a la conclusión-categoría de Estado Burocrático –o capitalismo de Estado– lo hacían para no defender a la URSS so pretexto de frenar un supuesto imperialismo soviético –caso Schatchman, Draper, Cliff, etc. etc.– cediéndole a los prejuicios democráticos burgueses inoculados por la pequeña burguesía, e impresionados por la fuerza con la que salió el stalinismo en la Segunda post-Guerra, y como contrapartida del revisionismo pablista que le claudicaba a éste. El caso de la adhesión tardía del MAS a esa categoría es bien diferente en su génesis y objetivos, pero no en sus móviles.

Por mucho que el nuevo MAS llame revoluciones a los últimos coletazos de la contrarrevolución stalinista del ’89-91 (y en esto no se diferencia de la LIT-CI, PO, MST o PTS), el cambio de categoría de Estado Obrero Burocrático a Estado Burocrático es un reflejo de la derrota de lo que significó la desaparición de los EOB. En definitiva, se podrán desconocer o disimular los golpes del proceso histórico, pero el proceso histórico nos conoce a todos.

Al mismo tiempo este cambio de categoría, de carácter de clase del Estado, les sirvió para no ir a fondo buscando las causas que llevaron a claudicar con las respuestas que se dieron en esos procesos. Y también como reflejo de la derrota y del impacto ideológico que ella tuvo en la vanguardia mundial; con ese cambio, de EOB a EB, se intenta demostrar que esos países, Estados o regimenes, nada tuvieron que ver con el socialismo. Por supuesto que nada tenían que ver con los objetivos de Marx, Engels, Luxemburgo, Lenin y Trotsky, pero sí tuvieron que ver en algún sentido, aunque más no sea negándolo, porque el stalinismo es la degeneración del marxismo que surge de sus filas.

De allí que todo el esfuerzo teórico del MAS, de la segunda mitad de los ’90, haya estado en función de superar al trotskismo para, supuestamente, revitalizar al socialismo en un genérico marxismo revolucionario. Cuando me retiré4 del MAS, a finales del ’90, los cuadros y dirigentes se presentaban como “marxistas revolucionarios” y decían: nosotros, los que venimos del trotskismo… ciertamente que si venimos es porque ya no estamos allá, incluso hasta se dejó de editar el periódico y se pasó a editaba una revista mensual. Pero las manifestaciones de la lucha de clases atenuaron un poco la huida del trotskismo. La crisis revolucionaria del 2001-2002 en Argentina, los obligó a redefinirse nuevamente como trotskistas –sacándose de encima a E.Romero y N.Ciaponni–, aunque manteniendo el grueso de las elaboraciones de los años anteriores.

En el manifiesto de SoB del 2004, su corriente internacional, se volvió a hablar a favor de la IVª Internacional –de la que formalmente habían renegado–, pero dicen que la dejan librada a lo que haga la vanguardia mundial en adelante, para así definir ellos qué posición tomar sobre la IVª Internacional (reconstrucción, refundación, etc.). Dándonos a entender que ellos no son la vanguardia del proletariado, su sector más avanzado o que pretenden serlo, y que harán lo que haga la vanguardia mundial. O sea, vislumbran, o dan a entender, que objetivamente la vanguardia mundial se puede situar subjetivamente bajo el legado teórico-programático de la IVª Internacional y pedirles construirla. Un total disparate revisionista del marxismo, del leninismo y del trotskismo. Y dicho sea de paso, este disparate provoca una situación risueña e hilarante, entre otras cosas porque –hipotéticamente– la vanguardia mundial le iría a pedir ser parte de un legado que el mismo nuevo MAS ya no defiende.

Ciertamente que se puede encontrar –y nosotros encontramos– algunos aspectos correctos en algunas elaboraciones, pero el problema es que todo el móvil y la matriz es revisionista, porque se trató, y se trata, de un reflejo impresionista pequeño-burgués hijo de la derrota –aunque, según el MAS de la “revolución” en Europa del Este y la URSS–, que le cede a los prejuicios democráticos burgueses (de allí las idas y vuelta con la categoría de Dictadura del Proletariado, categoría que creen muy dura para nuestros tiempos post-stalinistas) y al atraso político de la clase obrera de esta etapa. En definitiva, toda la elaboración de los “Estado burocráticos”, y mucho de lo que directamente está ligado, se trata de una revisión de carácter oportunista.

Los dirigentes y cuadros del nuevo MAS, con la veleidad de los que creen haber descubierto algo nuevo –cómo si hubieran hecho un aporte trascendental y cualitativo al marxismo–, siguen diciendo que los que los contradicen en sus elaboraciones son dogmáticos, que tienen una matriz teórica rígida y conservadora, etc. etc. Para que esto deje de ser un clissé, esa crítica del MAS debe ir de la mano de posiciones lógicas y lúcidas que deben pasar la prueba de la lucha de clases, o, al menos, la prueba del debate marxista sujeto a la experiencia histórica. Si esto no es así, cualquiera puede decir cualquier disparate y defenderse diciendo que los que lo cuestionan son dogmáticos, y así como así, cerrar la discusión o ensuciarla con fútiles acusaciones para que no se entienda nada de ella.

Por nuestra parte, el MAS puede seguir debatiendo con posiciones débiles, incoherentes e impresentables –como las del MST, Izquierda Socialista, Convergencia de Izquierda, PO, PTS –y sus rupturas– o las de la LIT-CI, igualmente revisionistas aunque las coloreen con más formulaciones trotskistas– y jactarse de su superioridad; pero de allí no se sigue que estén ni medianamente cerca de lo correcto. Es más, las posiciones impresionistas a las que llegaron no sólo son solamente equivocadas, sino que son también extremadamente nocivas para el marxismo revolucionario, el leninismo-trotskista, porque, relajando todo, no aportan en absoluto claridad de lo que ocurrió con los ex-EOB. E incluso –y debería ser muy importante para el MAS–, de lo que ellos mismo decían y sigue diciendo que se equivocaron. Y ante esto, es lógico que los miles y miles de militantes y cuadros que fueron de esa corriente queramos saber en qué y por qué se desvió la LIT-CI y el MAS.

Aunque por un minuto le diéramos la razón al nuevo MAS sobre la categoría del Estado Burocrático, estos no sabrían que hacer con ella. Porque por un lado el MAS nos dicen que éstas eran formaciones económica-sociales post-capitalistas, estancadas entre el capitalismo y el socialismo, que habían que defender del capitalismo y del imperialismo; y por el otro, llaman revoluciones a los últimos coletazos de la contrarrevolución stalinistas del 89-91, procesos conducidos por la burocracia que llevaron a la restauración capitalista a esas mismas económica-sociales post-capitalistas que supuestamente el MAS debían defender….

¿Y, si esas fueron revoluciones, por qué no dieron revolucionarios? ¿Pero, si estos fueron triunfos de las masas por qué se abrió una etapa de retroceso en la lucha de clases mundial y muy reaccionaria ideológicamente? Y así podríamos seguir con las preguntas.

El nuevo MAS toma nota y habla de estos temas, pero no responde a ellos cotejándolos con sus propias elaboraciones. Y por último –aunque se le dé la razón al disparatado Estado Burocráticos–, si se equivocaron cuando dirigían la LIC-CI ¿cuál es la política que deberían haber tenido para enfrentar a todas las alas restauracionistas de la burocracia stalinista? ¿qué le tendían que haber dicho a las masas de los países del Este de Europa y la ex-URSS? Porque de defender a estos Estados hasta la última trinchera –como decía Trotsky– nunca, ni la LIT-CI ni el nuevo MAS, antes o ahora, hablaron ni escribieron en ese sentido.

En definitiva, todas estas revisionistas elaboraciones del MAS son un solapado repudio al legado teórico-programático de la IVª Internacional en vida de Trotsky. Revisión y repudio cobarde, porque ni siquiera tienen el valor de decirlo públicamente de frente. Ese mérito lo tienen las rupturas del MAS hijas de esas mismas concepciones anti-trotskistas del Estado Burocrático, como Cimientos y Socialismo Libertario, que al adherir y ser consecuentes con ellas no se guardan nada en su huida del leninismo-trotskista y, por lo tanto, de la lucha por la revolución proletaria.


1. Ley del valor y explotación del trabajo en la ex URSS. R.Sáenz http://www.mas.org.ar/revista_sob/sob _20/pdf/223-228_sob20_introduc_naville.pdf.

2. Sobre la naturaleza de las revoluciones de posguerra y los estados. R. Ramírez, http://www.socialismo-o-barbarie.org/revista_22/081228_cuba_sobrev22_219.pdf.

3. www.socialismo-o-barbarie.org/revista/sob10/Pag.52a58 Hal Draper2.htm

4. Quien suscribe éste articulo militó del 1987 a 1999 en el MAS.


Marcelo Rios

Por la LCT

Estudiar a Lenin. Una y mil veces: por el bolchevismo -Sobre la guerrilla y el guevarismo-


En el artículo La guerra de guerrilla Lenin plantea que: “El marxismo no liga el movimiento a una sola forma de lucha determinada… el marxismo exige que la cuestión de la forma de lucha sea determinada desde el punto de vista absolutamente histórico. Plantear otra cuestión fuera de las circunstancias históricas concretas, es no comprender el abc del materialismo dialéctico. En diversos momentos de la evolución económica, según las condiciones, el estado político, la civilización nacional y las costumbres, aparecen en primer término y se hace preponderante una u otra forma de lucha, al mismo tiempo que se modifican las formas secundarias, accesorias. Querer responder sí o no a propósito de uno u otro procedimiento de lucha, sin examinar en detalle la situación concreta del movimiento dado, en el período dado de su desenvolvimiento, es abandonar completamente el terreno del marxismo. Estas son las dos proposiciones fundamentales que deben guiarnos… Hay que tener en cuenta la atmósfera insurreccional, reflexionar sobre las particularidades del período transitorio entre dos actos de la insurrección, comprender qué formas de lucha surgen necesariamente como consecuencia de ello”. Y luego de hablar sobre la “inoportunidad de una u otra forma de guerra civil en uno u otro momento” y “que la cuestión debe ser resuelta por los militantes locales” -porque nunca se le ocurrió que la guerra de guerrilla podía ser una orientación nacional-, sostiene: “El partido del proletariado no puede considerar la guerra de guerrilla como el único, ni siquiera como el principal procedimiento de lucha” Y afirma: “ese procedimiento debe estar subordinado a los otros[1] (resaltado mío).

Ernesto Guevara, que se consideraba marxista-leninista, no sigue el abc de Marx y Lenin. No basta, y es errado, justificarlo considerando que puesto que el PC boliviano lo traicionó no pudo llevar correctamente la orientación leninista, porque no era la intención de él subordinarse subordinando la guerrilla a un partido, como exigía la concepción leninista, solo quería el apoyo del PC y de tantos otros partidos.

La verdad es que Guevara, tenía mucha voluntad y buenas intenciones pero era un neófito del marxismo. Para cuando Guevara dio forma teórica a su concepción guerrillera, su conocimiento de la historia del marxismo era muy rudimentario. Y mucho más rudimentarios eran sus conocimientos de la experiencia histórica de 150 años de lucha revolucionaria del proletariado por emanciparse; de hecho para él no era el proletariado el sujeto social que iba a hacer la revolución socialista, ni siquiera el campesinado, sino que la revolución la haría la vanguardia armada compuesta de sectores plebeyos y la radicalizada pequeña burguesía empobrecida, a la que en un momento determinado se sumaría el pueblo insurrecto. A diferencia de la guerrilla de Mao para quien el campo está directamente relacionado al sujeto social campesino, en Guevara el monte o la selva están relacionados solamente al escenario primario donde se podía dar esa lucha. Vemos, que aunque Guevara también se dijera discípulo de Mao, tampoco lo era.

Los que insisten en considerarse “guevaristas” yerran mucho más que Guevara, porque éste era un revolucionario que sobre la marcha, y por imperio de las circunstancias, intentó encontrar una vía de lucha enfrentándose a las concepciones contrarrevolucionarias del “socialismo en un solo país”, de la burocracia stalinista soviética y sus PC’s. Pero los “guevaristas” hoy no tienen justificación, no solamente tienen tiempo para leer a Lenin (y para entender qué es el bolchevismo), sino que también tienen fresca la experiencia histórica de la pasada lucha guerrillera de las décadas del ’60 y ’70.

Como somos marxistas y no nos mueve el sentimentalismo -sino que nos interesa lo que más le sirve al proletariado en su lucha por emanciparse-, es que hay que extraer todas las lecciones y hablar claramente: la revisión del leninismo operada por las vanguardias guerrilleras (ese buscar atajos en cualquier otra clase o sujetos sociales que no sean el proletariado) de las décadas pasadas, fue totalmente perjudicial. Y, a diferencia de E.Guevara, que fue un revolucionario que respondió sobre la marcha y como pudo, los guevaristas (y la concepción de partido-ejército) son declarados revisionistas de Marx, de Lenin y de Trotsky. Aclaramos esto porque los cuadros “guevaristas”, que si hay algo que no les falta es confusión, también algunos se dicen leninistas y hasta trotskistas. Pero dichas concepciones revisan el programa y la praxis marxista revolucionaria de construirse en la clase y en sus luchas sin ultimatismos ni concepciones izquierdistas y vanguardistas.

En estas décadas cambiaron muchas cosas, pero en lo estratégico sigue siendo lo que plantaban Marx, Engels, Luxemburgo, Lenin y Trotsky: O es el proletariado, con su partido revolucionario, y sus métodos de lucha -que pueden cambiar de etapa a etapa- los que encabecen al conjunto del pueblo pobre, o no habrá revolución socialista.

Es más, la historia demostró que ningún partido-ejército puede conquistar el poder e instaurar un régimen soviético de democracia obrera. Y esto no es por casualidad, sino porque los cuadros combatientes y la militancia de un partido-ejército no se educaron en la democracia partidaria, en los debates marxistas, como revolucionarios, como negadores; sino más bien en todo lo contrario; se educan en la obediencia de la disciplina ideológica-militar. Y es precisamente por esa situación que los estados surgidos de esos movimientos o partidos-ejércitos, a diferencia de la URSS, nacieron deformados, y sus regimenes, ni bien bajó la marea revolucionaria, prontamente se burocratizaron.

Ciertamente que nunca vamos a encontrar una vanguardia obrera guevarista, esas concepciones son ajenas a la clase y al movimiento obrero, pero los encontramos en la izquierda en general y en amplias capas de las vanguardias juveniles, y muchos de ellos se plantean honestamente la lucha por el socialismo. Para ganar o influenciar a esta juventud, debemos tener confianza en la clase, confianza en nosotros mismos, y mucha paciencia pedagógica para explicar las ventajas de las posiciones marxistas principistas, o sea, la fortaleza de clase del leninismo-trotskista.

Del oportunismo de una docena de partidos o grupos políticos que consideran a la clase obrera como sujeto social para la revolución socialista, mientras utilizan la cara del “Che” como logo, y hasta el término guevarista como nombre de la organización, no hay mucho que decir. O es producto de la confusión o son cuadros residuales del mismo stalinismo en descomposición, y dicho sea de paso, los mismos que traicionaron a E.Guevara. En este último caso se trataría de stalinistas, se digan o no stalinistas, que se disfrazan detrás de la heroica figura del Che, buscando ocultar sus horribles rostros y el pasado moscovita que defendieron.


[1] I. V. Lenin – “La guerra de guerrilla”. Obras Completas, Editorial Sociales Internacional, París, 1930. T X, pág. 126 y siguientes.

Marcelo Ríos
Por la LCT