domingo, 4 de octubre de 2009

Estudiar a Lenin. Una y mil veces: por el bolchevismo -Sobre la guerrilla y el guevarismo-


En el artículo La guerra de guerrilla Lenin plantea que: “El marxismo no liga el movimiento a una sola forma de lucha determinada… el marxismo exige que la cuestión de la forma de lucha sea determinada desde el punto de vista absolutamente histórico. Plantear otra cuestión fuera de las circunstancias históricas concretas, es no comprender el abc del materialismo dialéctico. En diversos momentos de la evolución económica, según las condiciones, el estado político, la civilización nacional y las costumbres, aparecen en primer término y se hace preponderante una u otra forma de lucha, al mismo tiempo que se modifican las formas secundarias, accesorias. Querer responder sí o no a propósito de uno u otro procedimiento de lucha, sin examinar en detalle la situación concreta del movimiento dado, en el período dado de su desenvolvimiento, es abandonar completamente el terreno del marxismo. Estas son las dos proposiciones fundamentales que deben guiarnos… Hay que tener en cuenta la atmósfera insurreccional, reflexionar sobre las particularidades del período transitorio entre dos actos de la insurrección, comprender qué formas de lucha surgen necesariamente como consecuencia de ello”. Y luego de hablar sobre la “inoportunidad de una u otra forma de guerra civil en uno u otro momento” y “que la cuestión debe ser resuelta por los militantes locales” -porque nunca se le ocurrió que la guerra de guerrilla podía ser una orientación nacional-, sostiene: “El partido del proletariado no puede considerar la guerra de guerrilla como el único, ni siquiera como el principal procedimiento de lucha” Y afirma: “ese procedimiento debe estar subordinado a los otros[1] (resaltado mío).

Ernesto Guevara, que se consideraba marxista-leninista, no sigue el abc de Marx y Lenin. No basta, y es errado, justificarlo considerando que puesto que el PC boliviano lo traicionó no pudo llevar correctamente la orientación leninista, porque no era la intención de él subordinarse subordinando la guerrilla a un partido, como exigía la concepción leninista, solo quería el apoyo del PC y de tantos otros partidos.

La verdad es que Guevara, tenía mucha voluntad y buenas intenciones pero era un neófito del marxismo. Para cuando Guevara dio forma teórica a su concepción guerrillera, su conocimiento de la historia del marxismo era muy rudimentario. Y mucho más rudimentarios eran sus conocimientos de la experiencia histórica de 150 años de lucha revolucionaria del proletariado por emanciparse; de hecho para él no era el proletariado el sujeto social que iba a hacer la revolución socialista, ni siquiera el campesinado, sino que la revolución la haría la vanguardia armada compuesta de sectores plebeyos y la radicalizada pequeña burguesía empobrecida, a la que en un momento determinado se sumaría el pueblo insurrecto. A diferencia de la guerrilla de Mao para quien el campo está directamente relacionado al sujeto social campesino, en Guevara el monte o la selva están relacionados solamente al escenario primario donde se podía dar esa lucha. Vemos, que aunque Guevara también se dijera discípulo de Mao, tampoco lo era.

Los que insisten en considerarse “guevaristas” yerran mucho más que Guevara, porque éste era un revolucionario que sobre la marcha, y por imperio de las circunstancias, intentó encontrar una vía de lucha enfrentándose a las concepciones contrarrevolucionarias del “socialismo en un solo país”, de la burocracia stalinista soviética y sus PC’s. Pero los “guevaristas” hoy no tienen justificación, no solamente tienen tiempo para leer a Lenin (y para entender qué es el bolchevismo), sino que también tienen fresca la experiencia histórica de la pasada lucha guerrillera de las décadas del ’60 y ’70.

Como somos marxistas y no nos mueve el sentimentalismo -sino que nos interesa lo que más le sirve al proletariado en su lucha por emanciparse-, es que hay que extraer todas las lecciones y hablar claramente: la revisión del leninismo operada por las vanguardias guerrilleras (ese buscar atajos en cualquier otra clase o sujetos sociales que no sean el proletariado) de las décadas pasadas, fue totalmente perjudicial. Y, a diferencia de E.Guevara, que fue un revolucionario que respondió sobre la marcha y como pudo, los guevaristas (y la concepción de partido-ejército) son declarados revisionistas de Marx, de Lenin y de Trotsky. Aclaramos esto porque los cuadros “guevaristas”, que si hay algo que no les falta es confusión, también algunos se dicen leninistas y hasta trotskistas. Pero dichas concepciones revisan el programa y la praxis marxista revolucionaria de construirse en la clase y en sus luchas sin ultimatismos ni concepciones izquierdistas y vanguardistas.

En estas décadas cambiaron muchas cosas, pero en lo estratégico sigue siendo lo que plantaban Marx, Engels, Luxemburgo, Lenin y Trotsky: O es el proletariado, con su partido revolucionario, y sus métodos de lucha -que pueden cambiar de etapa a etapa- los que encabecen al conjunto del pueblo pobre, o no habrá revolución socialista.

Es más, la historia demostró que ningún partido-ejército puede conquistar el poder e instaurar un régimen soviético de democracia obrera. Y esto no es por casualidad, sino porque los cuadros combatientes y la militancia de un partido-ejército no se educaron en la democracia partidaria, en los debates marxistas, como revolucionarios, como negadores; sino más bien en todo lo contrario; se educan en la obediencia de la disciplina ideológica-militar. Y es precisamente por esa situación que los estados surgidos de esos movimientos o partidos-ejércitos, a diferencia de la URSS, nacieron deformados, y sus regimenes, ni bien bajó la marea revolucionaria, prontamente se burocratizaron.

Ciertamente que nunca vamos a encontrar una vanguardia obrera guevarista, esas concepciones son ajenas a la clase y al movimiento obrero, pero los encontramos en la izquierda en general y en amplias capas de las vanguardias juveniles, y muchos de ellos se plantean honestamente la lucha por el socialismo. Para ganar o influenciar a esta juventud, debemos tener confianza en la clase, confianza en nosotros mismos, y mucha paciencia pedagógica para explicar las ventajas de las posiciones marxistas principistas, o sea, la fortaleza de clase del leninismo-trotskista.

Del oportunismo de una docena de partidos o grupos políticos que consideran a la clase obrera como sujeto social para la revolución socialista, mientras utilizan la cara del “Che” como logo, y hasta el término guevarista como nombre de la organización, no hay mucho que decir. O es producto de la confusión o son cuadros residuales del mismo stalinismo en descomposición, y dicho sea de paso, los mismos que traicionaron a E.Guevara. En este último caso se trataría de stalinistas, se digan o no stalinistas, que se disfrazan detrás de la heroica figura del Che, buscando ocultar sus horribles rostros y el pasado moscovita que defendieron.


[1] I. V. Lenin – “La guerra de guerrilla”. Obras Completas, Editorial Sociales Internacional, París, 1930. T X, pág. 126 y siguientes.

Marcelo Ríos
Por la LCT

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