domingo, 4 de octubre de 2009

URSS: En defensa del legado teórico-programático de León Trotsky. Parte II -El MAS y los Estados Burocráticos-

La Liga Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional (LIT-CI) dirigida por el Movimiento al Socialismo, de finales de los ’80 y principios de los ’90, chocó todo su corpus teórico-programático contra la cruda y dura realidad del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS. Estos procesos pusieron a prueba las concepciones revisionistas de la “revolución democrática” y el afiebrado análisis objetivista de la realidad nacional y mundial, con la cuál había dejado “armada” Nahuel Moreno a la LIT-CI en los últimos años de su vida.

Lo antedicho en nada invalida varios aportes y batallas políticas esencialmente correctas dadas por N.Moreno y su corriente con anterioridad. Y el hecho de que ninguna de las otras corrientes trotskistas haya respondido adecuadamente a los procesos del 89-91, no nos debe impedir hacer las críticas necesarias a la vieja LIT-CI, y también al nuevo MAS.

Después de muchas autocríticas –y rupturas–, sin ir demasiado a fondo en los problemas teóricos programático que llevaron a la claudicación a la democracia burguesa y por esa vía a la burocracia y la restauración capitalista; a mediados de los ’90, el MAS sacude a la LIT-CI y al trotskismo en general con un nuevo-viejo descubrimiento. Descubre que la URSS –y los estados congéneres– no había sido ni Estado Obrero ni Estado Burgués, ahora se trataba de un Estado Burocrático.

Efectivamente, Eduardo Romero, dirigente del MAS y la LIT-CI, edita en 1994 Después del Estalinismo, libro que buscaba demostrar que la URSS, y los otros Estados surgidos de la Segunda post-Guerra, no fueron Estados Obreros Burocráticos (EOB). Si bien el libro comienza con la URSS de Lenin y Trotsky, el cambio del carácter de clase de la URSS lo sitúa, brumosamente, en la inmediata Segunda post-Guerra, pero al no poder mostrar un cambio cualitativo entre la URSS de antes de la Segunda Guerra, con la URSS de la post-Guerra, su análisis bien puede ser llevado a la década del ’30 sin mayores complicaciones. Salvo que existe un problema, y se trata de un problema político de peso: en la década del ’30 vivía Trotsky y combatía esas concepciones. De allí que en la “actualización” de Romero se hacen grandes esfuerzos para sortear ese problema buscando no enfrentarse a las elaboraciones de Trotsky…, y tampoco a las de Moreno cuando éstas coinciden con las de Trotsky.

A partir de dicho libro, la cuestión de las respuestas políticas que se dieron en 1989-91 a esos procesos ya no eran muy importantes, porque después de todo, el trotskismo estaba equivocado desde hace cuatro décadas. Y si se escarbaba un poco más, y si se era lógico con el razonamiento, Trotsky y el trotskismo vivieron engañados, evidentemente por sus limitaciones teóricas-conceptuales para poder analizar esos procesos. De allí que el enfoque, de mediados de los ’90, estaba puesto en que no eran en ninguna forma obreros estos estados, y por eso mismo el proletariado de esos países no los defendió. De lo que se trataba entonces era sólo de sacar todas las conclusiones de la transición al socialismo.

Amen de los móviles y las conclusiones, el esfuerzo en extraer las lecciones de la transición fue lo único rescatable de ese período del MAS, aunque más no sea porque obligó a estudiar a esos estados y su desenlace. Fue esto lo que diferenció al MAS del MST –y actualmente Izquierda Socialista– que todos los años saluda la caída del Muro de Berlín; al PO de Altamira que seguía esperando la “quinta” revolución rusa –tomando la revolución de 1905, las dos de 1917, y evidentemente la caída de Gorbachov y la asunción de Yeltsin en 1991 también se trataba de una revolución para Altamira–, claro que a los pocos años se olvidó de ello y cambió de tema. Y también marcó diferencia con el PTS –y sus varias rupturas actuales–, que encontrando una gran beta propagandística en la crítica a N.Moreno fue más objetivista que éste en las respuestas a los acontecimientos de 1989-91. Tanto es así que hasta principios del 2002, el PTS, seguía diciendo que la URSS era un Estado Obrero (burocrático y en descomposición); sí, sí, la Rusia de Yeltsin y Putín un Estado Obrero…

Pero ese mérito que nadie le puede quitar al MAS de la segunda parte de los ’90, se desdibuja totalmente con las conclusiones a las que se arribó. Lo que empieza mal, por tener un eje cambiado, tiene muchas posibilidades de terminar mal. Ese intento de sortear a Trotsky para responsabilizar al trotskismo de la Segunda post-Guerra, porque supuestamente fueron ortodoxos o dogmáticos con el análisis de Trotsky de la URSS y lo extrapolaron a los países del Este Europeo, y las revoluciones de Yugoslavia, China Corea, etc., etc., es tan absurdo que termina dando a entender que M. Pablo, E. Mandel y P.Frank defendieron –al menos dogmáticamente– el programa trotskista, cuando éstos no fueron más que grandes revisionistas del legado teórico-programático la IVª Internacional en vida de Trotsky.

Hoy, más que hace 15 años, los compañeros del nuevo MAS se esfuerzan en que sus concepciones del “Estado Burocrático” no queden pegadas con las concepciones antidefensistas de M.Schachtman y su “colectivismo burocrático”, como de la posición, igualmente antidefensista, de T.Cliff en sus concepciones de “capitalismo de estado”1 para la URSS y estados congéneres. También del grupo-revista Socialismo o Barbarie de C.Castoriadis y compañía. Todos estos antidefensistas terminaron claudicándole directamente al imperialismo al no apoyar la lucha de las nacionalidades oprimidas, sean coloniales o semicoloniales, ni siquiera frente a las invasiones del imperialismo, so pretexto que se fortalecía el imperialismo soviético o que las democracias imperialistas eran el último reducto posible del socialismo revolucionario que resistía al stalinismo. No se sabe por qué el MAS no se delimita también de N.Sedova y G.Munis que igualmente arribaron a esas concepciones y se negaron a defender a Corea contra el ataque y la invasión del imperialismo norteamericano en 1952.

El mismo Romero, en dicho libro citado, se vio obligado a reconocer que los que llegaron a esas concepciones de “Estados Burocráticos” terminaron en el basurero de la historia; pero seguramente creyeron que en el momento de elaborar esas concepciones, cuando la URSS ya no existía, tampoco existía ese problema. ¿En el marxismo, que es la teoría de la transformación, para qué sirve una concepción que sólo puede ser útil cuando todo ya pasó?

Pero los dirigentes del MAS bien podrían decirnos que se trataba de una concepción importantísima, y que si ellos hubieran estado armados de ella, hubieran mantenido bien altas la banderas del “Estado Burocrático” sin claudicarle al imperialismo. No habría que estar tan seguro sobre la última parte de esta frase, y no por poner en duda las buenas intenciones de los compañeros del MAS, sino porque analizando la importancia de la categoría de Estado Burocrático versión MAS, veremos que se trata de un bluff adornado de muchas palabras sofisticadas y un buen estilo literario, pero que complica mucho más todo dejando muy magros resultados positivos y muchos, e insalvables, resultados negativos.

E.Romero rompió en una de sus tantas rupturas del MAS a principios del 2000, ni siquiera este partido es ya parte de la LIT-CI, incluso ahora se llama nuevo MAS. Pero las elaboraciones de Romero se mantienen a través de sus dos más importante dirigentes, Roberto Sáez y Roberto Ramírez.

Con algo de C.Raskosky, oposicionista de izquierda rumano-ruso, y mucho de P.Navillie –que arbitrariamente define “Socialismo de Estado” a ese tipo de sociedades–, éstas son pues las ideas centrales del nuevo MAS:

1- Se trataba de Estados Burocráticos, de una formación de explotación mutua con reparto diferenciado, que al burocratizarse estancó la transición al socialismo, pero igualmente había que defenderla del imperialismo. La burocracia cuyo carácter de clase no es obrera sino pequeño-burguesa, es una casta parasitaria, pero más que una casta común y menos que una clase orgánica.

Sacando la cuestión del asexual carácter de clase del Estado Burocrático, todo lo demás se puede compartir, es más, es lo que plantea Trotsky a mediados y fines de los años 30. Sin embargo Trotsky dice algo más, dice que siempre los Estados tienen signo de clase, y más precisamente en la época del imperialismo es imposible que un Estado no tenga signo de clase. Pero el MAS considera que la URSS se trató de una formación económica-social post-capitalista, que había que defenderla, cuyo Estado se trataba de un Estado burocrático porque era controlado por una burocracia parasitaria, despótica y explotadora. ¿Pero acaso eso no es un Estado Obrero Burocrático? ¿O qué otra cosa escribió Trotsky en La Revolución Traicionada? ¿O es que Trotsky y los trotskistas creyeron que URSS de Stalin era una mezcla de la Comuna de Paris con la utópica Icaria?

2- El MAS considera que sin clase obrera dirigida por un partido revolucionario no hay revolución socialista y lógicamente allí, como en los países del Este europeo, donde se expropió a la burguesía con la ocupación del Ejército Rojo menos aún fueron socialistas esos procesos, no sólo por el problema de la dirección y la ausencia de la clase en el proceso, sino porque ni siquiera hubo revolución. Y en los países donde hubieron revoluciones (Yugoslavia, Albania, China, Corea, Vietnam), esas revoluciones, y Estados surgidos de ellas, tampoco fueron socialistas, por ausencia del partido revolucionario y de la clase obrera; sólo se trató de revoluciones agrarias, anti-imperialistas, etc., donde sus direcciones se vieron obligadas a ir más allá expropiando a la burguesía y al imperialismo.

Acá no hay gran innovación, después de todo es lo que algunas veces dijo Nahuel Moreno cuando decía que dichas revoluciones se trataban de “revoluciones de Febrero” que fueron más allá de lo previsto hasta por sus propias direcciones burocráticas y/o pequeñas burguesas, las que para llevar adelante las tareas democráticas-burguesas estructurales se vieron obligadas a expropiar a la burguesía y al imperialismo.

Pero nuevamente nos encontramos con el problema del punto anterior. Por un lado esos nuevos Estados tienen un génesis diferente con respecto a la URSS, porque no hubo revolución socialista (Octubre) o sea, partido revolucionario, como el Bolchevique, dirigiendo a la clase obrera y régimen de Soviets, y por esto no hubo Dictadura del Proletariado en el sentido pleno del término. Hasta acá estamos de acuerdo. Pero, estas direcciones burocráticas y/o pequeño-burguesas, al haber expropiado a la burguesía y calcado, a grandes rasgos, la forma económica-social de la burocratizada URSS de la Segunda post-Guerra –que era exactamente igual a la del ’30 analizada por Trotsky–, dichos estados surgidos fueron igualmente Estados Obreros Burocráticos, y a diferencia de la URSS que degeneró, éstos ya nacieron deformados.

O sea, independientemente de que se considere revoluciones socialistas, a Yugoslavia, China, Cuba, etc., etc., o se las considere revoluciones democráticas-sociales, como las consideramos nosotros –N.Moreno y el MAS dice algo parecido–, el punto es otro. La cuestión es que si esas revoluciones calcaron la forma ya burocratizada de la URSS y construyeron el mismo tipo de Estados o formación económica-social, entonces el MAS al definirlos como Estados Burocráticos, no discute con los trotskistas actuales ni con los trotskistas de la inmediata Segunda post-Guerra; el MAS cuestiona y niega el análisis de Trotsky sobre el carácter de clase de la URSS de toda la década del ’30.

Los experimentados dirigentes del MAS, para mantener esas elaboraciones que ya llevan 15 años, y no hacer una revisión deshonesta, deberían decir: “Sí, Trotsky se equivocó, nunca hubo Estado Obrero Burocrático, ni bien se cristaliza una burocracia en un Estado Obrero, éste pierde su carácter de clase.” Pero no dice nada de eso y prefiere hacer pasar deshonestamente sus posiciones como si fueran las de Trotsky.

¿Si se considera que Trotsky se equivocó, qué hay de malo en decirlo? ¿Acaso Trotsky no se equivocó con la cuestión de la estatización de los sindicatos, queriendo prolongar el comunismo de guerra en 1920; y no se equivocó cuando pactó con Stalin, en 1922, sobre la cuestión de Georgia, contradiciendo al Lenin enfermo que quería que vaya a fondo y le propine una severa derrota política a Stalin; y cuando, con todos los otros miembros de la Internacional Comunista, orientaba a los comunistas chinos a ingresar y permanecer en el Kuomintang hasta 1925, y después cambió; y no se equivocó con la analogía del Termidor que años después tuvo que corregir? El MAS se muestra muy heterodoxo, alegre y fresco, pero si se raspa un poquito esa frágil cubierta nos encontramos con los prejuicios y el dogmatismo que tanto se ufana en criticar a los demás.

Sin embargo, supongamos por un momento que esa revisión deshonesta –deshonesta por lo solapada que es– fuese, pese a todo, para un fin loable. Supongamos que se trate de una revisión que los situaría mejor para entender lo que ocurrió en los procesos del ’89-91 y, puesto que no tienen dudas de que sus respuestas fueron un dislate (¡vaya categoría “marxista” que usó Romero en dicho libro!), de esa forma mejor se hubiera defendido a esas formaciones económicas-sociales que dicen que había que defender. Pero es en vano querer encontrar algo así, allí nunca estuvo puesta la preocupación de los diferentes teóricos del MAS. El “defensismo” es un vulgar antiimperialismo, puesto que sólo es un defensismo frente a las agresiones del imperialismo, y no también un defensismo del EOB frente a la burocracia, la misma de la que Trotsky decía que cada día que continuara en el poder preparaba las condiciones de la restauración capitalista.

Esa conclusión, y falta de programa de lucha por la revolución política, era perfectamente lógica; veamos: si dichos “Estados Burocráticos” no son en ningún sentido obreros, entonces tampoco son nuestros Estados en ningún sentido, ni hay gran cosa por defender. A lo sumo hay que posicionarse contra las privatizaciones como en cualquier país burgués semi-colonial ¡¡¡Vaya programa de revolución política!!! ¿Pero eso no es claudicarle a la burocracia stalinista en proceso de reconversión, que tanto se dicen odiar?

Es cierto, el MAS discutió y analizó mucho en estos últimos 15 años, pero como dice el refrán popular “No por mucho madrugar se despierta más temprano” o no por mucho estigmatizar de dogmáticos a los opositores se es más marxista principista. Después de todo –y hablando de dogmas versus teorías como guía para la acción–, tales nuevas teorías no le sirvieron, ni le sirven, aunque más no sea a posteriori, como una guía para la acción en los procesos de 1989-91.

Por otra parte, la revisión a Trotsky se hace mucho más manifiesta puesto que no se trata meramente de una categoría, de EOB a EB, en realidad se trata de un cambio de toda la orientación de lucha por la revolución política en los EOB.

3- Trotsky deja de considerar una Dictadura del Proletariado a la URSS a mediados de la década del ’30, cuando empieza a plantear la necesidad de la revolución política. Las pocas veces que hace alusión a la Dictadura del Proletariado en la URSS es para decir que ella degeneró o para decir que de ella sólo se mantiene la propiedad estatal de los medios de producción, que la burocracia todavía guardaba y, a su manera –la peor de todas posibles–, defendía contra la propiedad privada de la burguesía, que ésta y el imperialismo querían introducir. Esa dictadura del proletariado no era la verdadera Dictadura del Proletariado, y la nacionalización de los medios de producción era sólo un elemento que quedaba de lo que había sido la Dictadura del Proletariado de la URSS de Lenin y Trotsky. Incluso, la nacionalización de los medios de producción es un elemento secundario, porque la Dictadura del Proletariado como formulación política de régimen y Estado del período de transición al socialismo, requiere principalmente de una dirección revolucionaria. Así, aunque no se haya expropiado al grueso de la burguesía industrial o rural, ese país es una Dictadura del Proletariado si está dirigido por una dirección revolucionaria –bolchevique–, como ocurrió en la URSS de 1917 a 1919.

En definitiva, Trotsky planteaba que la URSS no era una Dictadura del Proletariado en el sentido político, general y revolucionario del término, pero que sí lo era en el sentido de la formación económica-social creada por la nacionalización de los medios de producción, y que esto había que defender porque era un punto de apoyo importantísimo para luchar contra la burocracia, y barriéndola del poder instaurar una verdadera Dictadura del Proletariado, reencausando así el rumbo socialista de la revolución, de la transición o del EO.

El MAS niega que hubiera una Dictadura del Proletariado en la URSS, porque se queda en la formulación política general de la Dictadura del Proletariado (aunque siempre edulcorándola), planteando también que hay que defender las formas nacionalizadas de los medios de producción, distribución y de cambio (aunque ya vimos en qué consiste ese “defensismo”) y nos dice que esos estados no eran socialistas, ni estaban en transición al socialismo.

Podemos estar de acuerdo, de hecho Trotsky en toda la dura polémica con los antidefensistas, de finales de los ’30, nunca volvió a fundamentar desde el ángulo de una supuesta Dictadura del Proletariado en la URSS, planteó siempre la defensa de la URSS desde el ángulo del carácter de clase del Estado, por caro que esto sea para el MAS. Por lo demás, todas las otras conclusiones del MAS enunciadas arriba, son las mismas que dice Trotsky. Repetimos: podemos estar de acuerdo, sino fuera que el MAS usa esa definición general de Dictadura del Proletariado, para decir la vulgaridad común a todos los formalistas, que, puesto que la clase no dictaba, entonces la URSS no es un Estado Obrero, en ningún sentido.

Y elucubran así cuando el mismo Trotsky se encargó de analizar la degeneración de la URSS y de definió como Estado Obrero Degenerado. Ese término, degenerado o burocrático, al final de la formulación no es arbitrario, nos está indicando que no se trata de un Estado Obrero revolucionario. O sea, el término degenerado o burocrático nos dice que no hay una verdadera Dictadura del Proletariado, sólo elementos de ésta en la nacionalización de los medios de producción, que hay que defender; y que los que dictan, mandan o dirigen son los burócratas.

Pero el nuevo MAS, diciéndose trotskista, se empeña en decirnos conclusiones opuestas a las de Trotsky, no sólo sin decirnos que lo está revisando, sino que también arribando a conclusiones claudicantes y confusionistas. Y como veremos a continuación esas teorías no tiene consistencia lógica ni punto de apoyo histórico.

4) Así como el viejo-nuevo MAS mete bajo la alfombra la ausencia de respuestas políticas para enfrentar la restauración capitalista, Roberto Ramírez nos dice, a modo de pregunta, bajo el título de “Una pregunta molesta que muchos prefieren barrer bajo la alfombra”,2 que: “En esto de los “estados obreros” sin obreros, que llenaron el siglo XX, hay una pregunta fastidiosa para la gran mayoría de las corrientes que se reclaman del marxismo revolucionario: ¿Cómo se volvió al capitalismo sin que mediasen contrarrevoluciones sangrientas, guerras civiles o invasiones imperialistas que destruyesen esos “estados obreros” y despojasen también a la clase trabajadora (supuestamente la clase dominante) de la propiedad de los medios de producción y en general del dominio de la sociedad?” (resaltado nuestro)

No molestan en absoluto las preguntas del compañero Ramírez, sólo dan un poco de vergüenza ajena. Por un lado, hay que repetir una vez más que, para Trotsky y el trotskismo en general, la clase obrera fue expropiada del poder por la burocracia, ella no era la clase dominante en la sociedad en ninguno de esos países o Estados, sino que estaba dominada por una casta burocrática parasitaria: parece que el MAS no entendió nada de la lucha librada por Trotsky y la Oposición de Izquierda en la segunda mitad de la década del ’20 y todo el ’30. ¿Cómo se volvió al capitalismo sin una contrarrevolución y/o derrota física? En La Revolución Traicionada, de 1936, Trotsky deja claro que si no hay contrarrevolución burguesa (en el sentido del desalojo violento de la burocracia por la burguesía y el imperialismo) y tampoco revolución política, la burocracia al continuar en el poder terminará apoyándose en las relaciones de propiedad. ¿No saber todo esto es ignorancia o es pura amnesia polemista?

Pero el compañero Ramírez continúa victoriosamente: “Eso, insistimos, habría sucedido sin resistencias notables de la clase trabajadora. Los trabajadores de los estados burgueses de Occidente han resistido más las privatizaciones de empresas públicas que las clases obreras de la URSS, el Este y China la restauración del capitalismo. No hicieron gran cosa para defender la propiedad nacionalizada (para no hablar del supuesto “estado obrero” en su conjunto y de su “dictadura del proletariado”).

La clase obrera no defendió las bases sociales de los Estados Obreros Burocratizados porque éstos estaban, desde principios de los ’80, en un franco proceso de descomposición. La crisis mundial del capitalismo –debido al agotamiento del boom de la Segunda post-Guerra desde mediados de los ’70, y como los EOB no constituían otra economía paralela e independiente, sino que se trataba de una parte subordinada a la totalidad económica mundial capitalista–, arrastró a las economías dependientes de los EOB a una progresiva situación casi de semi-colonialidad, caída del rendimiento de productividad, endeudamiento con los entes financieros mundiales, apertura de la brecha tecnológica, etc. etc. Parece paradójico que el mismo compañero Ramírez desconozca lo que él mismo –y la corriente morenista de la que fue parte– ha dicho correctamente muchas veces.

En este marco, la clase obrera de los EOB en descomposición estuvo resistiendo los planes de ajuste impuestos por el imperialismo, pero llevados adelante por la misma burocracia con fuertes represiones a sus luchas y persecuciones políticas que imposibilitaron construir cualquier dirección proletaria. A finales de los ’80, con economías en bancarrota y sin dirección revolucionaria, las masas obreras lucharon por reivindicaciones económicas, pero frente a los importantes procesos políticos prácticamente se paralizaron. Sólo algunos sectores de ésta siguieron a las diferentes alas de la burocracia, generalmente demócratas-liberales o nacionalistas en las nacionalidades oprimidas, por lo general igualmente demócratas-liberales y restauracionistas, al igual que las alas duras o conservadoras de la burocracia que no querían terminar con el monopolio del PC para restaurar el capitalismo “en frío” o “desde arriba”, y tener más tiempo para hacer una acumulación capitalista.

El MAS y el compañero Ramírez no entienden que no hay que ser muy genio para darse cuenta que la clase obrera de los EOB no tuvo ninguna opción política de clase, y que frente a tanta confusión, y parálisis en la clase, la burocracia no tuvo necesidad de derrotarla físicamente. No es tan difícil darse cuenta de esto, pese a lo que digan el MAS y las otras corrientes que se dicen trotskistas.

Esta situación, de bancarrota económica e inexistencia de dirección proletaria independiente, proclive a la restauración y de ausencia de grandes luchas contra los planes privatizadores, se dio por la descomposición de los mismos EOB, y porque durante los más de treinta años previos no hubo ninguna revolución verdaderamente socialista, que sólo podía ser conducida por el trotskismo, en alguno o varios países del mundo.

¿No es anti-marxista pensar que todo está expuesto al cambio pero no los EOB, cuando más condicionados estaban por la misma crisis y descomposición del capitalismo? Y ¿No es absurdo, y anti-trotskista, pensar que se iba a poder rescatar a los EOB de la restauración capitalista sin la revolución mundial, sin solucionar el problema de los problemas que es la crisis de dirección revolucionaria del proletariado mundial?

Sin embargo, y como si fuese poco, ese no es el único problema que tiene el razonamiento del compañero Ramírez. Incurre en una contradicción histórica mayor cuando quiere demostrar que no eran EOB por el hecho de que las masas no defendieron las bases sociales y económicas de dichos Estados; porque en Alemania de 1953, en Hungría de 1956 y en Checoslovaquia de 1968, y parcialmente en Polonia de 1981, las masas se levantaron contra la burocracia stalinista defendiendo las bases sociales de esos Estados. ¿O será que en esos casos para Ramírez sí eran EOB? Pero el MAS nos dice todo lo contrario… ¿Entonces, será que en esos países que sí hubo derrota física se restauró inmediatamente el capitalismo? El MAS sabe que no es así... Bueno, ¿entonces no será que el argumento que tan victoriosamente esgrime no sirve para nada?

¿Y…, no serán estas preguntas muy molestas y fastidiosas para las revisiones impresionistas del “Estado Burocrático” del compañero Ramírez y los cuadros dirigentes del MAS?

5) El nuevo MAS –al igual que Cimientos de N.Ciaponni y la antidefensista Tendencia Socialista Internacional de T. Cliff, adhiere y habla laudatoriamente del texto Socialismo desde abajo3 de Hal Draper. Este autor, buscando enfrentarse al elitismo y al substitucionismo –como Lenin lo hacía con el ultimatismo de Bordanov–, supera a R.Luxemburgo en su espontaneísmo porque se desliza hacia la toma de conciencia socialista por las grandes masas de forma evolutiva, poniendo el acento en la conciencia socialista y no en la conciencia política de clase y el rol forjador de ésta por el partido revolucionario, tal como planteaba Lenin.

De igual manera, tras la conquista del poder, en la Dictadura el Proletariado (categoría de la que H.Draper nunca habla) tampoco el socialismo, o la transición al socialismo, es meramente desde abajo. Dicho de otra forma; por muy extendidos y democráticos que sean los soviets y el control obrero de la producción, sin las decisiones correctas del partido revolucionario no sólo que la clase no puede tomar nunca el poder sino que tampoco podrá mantenerse en él. Y no solamente son las decisiones correctas en el plano político-económico sino también en la represión y coerción –Cheka– a las clases poseedoras. Dicho de otra forma; la clase obrera, y su partido revolucionario, no tiene posibilidades de mantenerse en el poder sin responder al indefectible terror blanco de la contrarrevolución, con el terror rojo del proletariado en el poder. Draper, la TSI, el MAS y Cimientos, imbuidos por el democratismo pequeño-burgués, parece que no se dan cuenta que se trata de una Dictadura del Proletariado.

Pero Draper, diciéndose marxista y hasta trotskista, en sus más de 10 páginas de ensayo nos hace un recorrido sobre toda la historia del socialismo marxista –y hasta del anarquismo–, para fundamentar su socialismo desde abajo supuestamente democrático y revolucionario, se olvida de mencionar, nada más ni nada menos, a la Rusia Soviética, al menos en sus 4 primeros años, y también se olvida de Lenin y de Trotsky, que aparentemente sus ideas no son dignas de ser mencionadas.

El socialismo desde abajo del que nos habla Draper –y el que aprueba el MAS–, queriendo enfrentarlo al burocratismo estatal del stalinismo y todo tipo de “socialismo” desde arriba, no pasa la prueba de la teoría marxista y la experiencia histórica, porque se transforma una versión edulcorada y facilista que subestima a la burguesía y al imperialismo, término este último que por otra parte tampoco aparece en ese escrito ultra-revisionista.

Conclusiones generales

Si los que adherían a la conclusión-categoría de Estado Burocrático –o capitalismo de Estado– lo hacían para no defender a la URSS so pretexto de frenar un supuesto imperialismo soviético –caso Schatchman, Draper, Cliff, etc. etc.– cediéndole a los prejuicios democráticos burgueses inoculados por la pequeña burguesía, e impresionados por la fuerza con la que salió el stalinismo en la Segunda post-Guerra, y como contrapartida del revisionismo pablista que le claudicaba a éste. El caso de la adhesión tardía del MAS a esa categoría es bien diferente en su génesis y objetivos, pero no en sus móviles.

Por mucho que el nuevo MAS llame revoluciones a los últimos coletazos de la contrarrevolución stalinista del ’89-91 (y en esto no se diferencia de la LIT-CI, PO, MST o PTS), el cambio de categoría de Estado Obrero Burocrático a Estado Burocrático es un reflejo de la derrota de lo que significó la desaparición de los EOB. En definitiva, se podrán desconocer o disimular los golpes del proceso histórico, pero el proceso histórico nos conoce a todos.

Al mismo tiempo este cambio de categoría, de carácter de clase del Estado, les sirvió para no ir a fondo buscando las causas que llevaron a claudicar con las respuestas que se dieron en esos procesos. Y también como reflejo de la derrota y del impacto ideológico que ella tuvo en la vanguardia mundial; con ese cambio, de EOB a EB, se intenta demostrar que esos países, Estados o regimenes, nada tuvieron que ver con el socialismo. Por supuesto que nada tenían que ver con los objetivos de Marx, Engels, Luxemburgo, Lenin y Trotsky, pero sí tuvieron que ver en algún sentido, aunque más no sea negándolo, porque el stalinismo es la degeneración del marxismo que surge de sus filas.

De allí que todo el esfuerzo teórico del MAS, de la segunda mitad de los ’90, haya estado en función de superar al trotskismo para, supuestamente, revitalizar al socialismo en un genérico marxismo revolucionario. Cuando me retiré4 del MAS, a finales del ’90, los cuadros y dirigentes se presentaban como “marxistas revolucionarios” y decían: nosotros, los que venimos del trotskismo… ciertamente que si venimos es porque ya no estamos allá, incluso hasta se dejó de editar el periódico y se pasó a editaba una revista mensual. Pero las manifestaciones de la lucha de clases atenuaron un poco la huida del trotskismo. La crisis revolucionaria del 2001-2002 en Argentina, los obligó a redefinirse nuevamente como trotskistas –sacándose de encima a E.Romero y N.Ciaponni–, aunque manteniendo el grueso de las elaboraciones de los años anteriores.

En el manifiesto de SoB del 2004, su corriente internacional, se volvió a hablar a favor de la IVª Internacional –de la que formalmente habían renegado–, pero dicen que la dejan librada a lo que haga la vanguardia mundial en adelante, para así definir ellos qué posición tomar sobre la IVª Internacional (reconstrucción, refundación, etc.). Dándonos a entender que ellos no son la vanguardia del proletariado, su sector más avanzado o que pretenden serlo, y que harán lo que haga la vanguardia mundial. O sea, vislumbran, o dan a entender, que objetivamente la vanguardia mundial se puede situar subjetivamente bajo el legado teórico-programático de la IVª Internacional y pedirles construirla. Un total disparate revisionista del marxismo, del leninismo y del trotskismo. Y dicho sea de paso, este disparate provoca una situación risueña e hilarante, entre otras cosas porque –hipotéticamente– la vanguardia mundial le iría a pedir ser parte de un legado que el mismo nuevo MAS ya no defiende.

Ciertamente que se puede encontrar –y nosotros encontramos– algunos aspectos correctos en algunas elaboraciones, pero el problema es que todo el móvil y la matriz es revisionista, porque se trató, y se trata, de un reflejo impresionista pequeño-burgués hijo de la derrota –aunque, según el MAS de la “revolución” en Europa del Este y la URSS–, que le cede a los prejuicios democráticos burgueses (de allí las idas y vuelta con la categoría de Dictadura del Proletariado, categoría que creen muy dura para nuestros tiempos post-stalinistas) y al atraso político de la clase obrera de esta etapa. En definitiva, toda la elaboración de los “Estado burocráticos”, y mucho de lo que directamente está ligado, se trata de una revisión de carácter oportunista.

Los dirigentes y cuadros del nuevo MAS, con la veleidad de los que creen haber descubierto algo nuevo –cómo si hubieran hecho un aporte trascendental y cualitativo al marxismo–, siguen diciendo que los que los contradicen en sus elaboraciones son dogmáticos, que tienen una matriz teórica rígida y conservadora, etc. etc. Para que esto deje de ser un clissé, esa crítica del MAS debe ir de la mano de posiciones lógicas y lúcidas que deben pasar la prueba de la lucha de clases, o, al menos, la prueba del debate marxista sujeto a la experiencia histórica. Si esto no es así, cualquiera puede decir cualquier disparate y defenderse diciendo que los que lo cuestionan son dogmáticos, y así como así, cerrar la discusión o ensuciarla con fútiles acusaciones para que no se entienda nada de ella.

Por nuestra parte, el MAS puede seguir debatiendo con posiciones débiles, incoherentes e impresentables –como las del MST, Izquierda Socialista, Convergencia de Izquierda, PO, PTS –y sus rupturas– o las de la LIT-CI, igualmente revisionistas aunque las coloreen con más formulaciones trotskistas– y jactarse de su superioridad; pero de allí no se sigue que estén ni medianamente cerca de lo correcto. Es más, las posiciones impresionistas a las que llegaron no sólo son solamente equivocadas, sino que son también extremadamente nocivas para el marxismo revolucionario, el leninismo-trotskista, porque, relajando todo, no aportan en absoluto claridad de lo que ocurrió con los ex-EOB. E incluso –y debería ser muy importante para el MAS–, de lo que ellos mismo decían y sigue diciendo que se equivocaron. Y ante esto, es lógico que los miles y miles de militantes y cuadros que fueron de esa corriente queramos saber en qué y por qué se desvió la LIT-CI y el MAS.

Aunque por un minuto le diéramos la razón al nuevo MAS sobre la categoría del Estado Burocrático, estos no sabrían que hacer con ella. Porque por un lado el MAS nos dicen que éstas eran formaciones económica-sociales post-capitalistas, estancadas entre el capitalismo y el socialismo, que habían que defender del capitalismo y del imperialismo; y por el otro, llaman revoluciones a los últimos coletazos de la contrarrevolución stalinistas del 89-91, procesos conducidos por la burocracia que llevaron a la restauración capitalista a esas mismas económica-sociales post-capitalistas que supuestamente el MAS debían defender….

¿Y, si esas fueron revoluciones, por qué no dieron revolucionarios? ¿Pero, si estos fueron triunfos de las masas por qué se abrió una etapa de retroceso en la lucha de clases mundial y muy reaccionaria ideológicamente? Y así podríamos seguir con las preguntas.

El nuevo MAS toma nota y habla de estos temas, pero no responde a ellos cotejándolos con sus propias elaboraciones. Y por último –aunque se le dé la razón al disparatado Estado Burocráticos–, si se equivocaron cuando dirigían la LIC-CI ¿cuál es la política que deberían haber tenido para enfrentar a todas las alas restauracionistas de la burocracia stalinista? ¿qué le tendían que haber dicho a las masas de los países del Este de Europa y la ex-URSS? Porque de defender a estos Estados hasta la última trinchera –como decía Trotsky– nunca, ni la LIT-CI ni el nuevo MAS, antes o ahora, hablaron ni escribieron en ese sentido.

En definitiva, todas estas revisionistas elaboraciones del MAS son un solapado repudio al legado teórico-programático de la IVª Internacional en vida de Trotsky. Revisión y repudio cobarde, porque ni siquiera tienen el valor de decirlo públicamente de frente. Ese mérito lo tienen las rupturas del MAS hijas de esas mismas concepciones anti-trotskistas del Estado Burocrático, como Cimientos y Socialismo Libertario, que al adherir y ser consecuentes con ellas no se guardan nada en su huida del leninismo-trotskista y, por lo tanto, de la lucha por la revolución proletaria.


1. Ley del valor y explotación del trabajo en la ex URSS. R.Sáenz http://www.mas.org.ar/revista_sob/sob _20/pdf/223-228_sob20_introduc_naville.pdf.

2. Sobre la naturaleza de las revoluciones de posguerra y los estados. R. Ramírez, http://www.socialismo-o-barbarie.org/revista_22/081228_cuba_sobrev22_219.pdf.

3. www.socialismo-o-barbarie.org/revista/sob10/Pag.52a58 Hal Draper2.htm

4. Quien suscribe éste articulo militó del 1987 a 1999 en el MAS.


Marcelo Rios

Por la LCT

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