Lo antedicho en nada invalida varios aportes y batallas políticas esencialmente correctas dadas por N.Moreno y su corriente con anterioridad. Y el hecho de que ninguna de las otras corrientes trotskistas haya respondido adecuadamente a los procesos del 89-91, no nos debe impedir hacer las críticas necesarias a la vieja LIT-CI, y también al nuevo MAS.
Después de muchas autocríticas –y rupturas–, sin ir demasiado a fondo en los problemas teóricos programático que llevaron a la claudicación a la democracia burguesa y por esa vía a la burocracia y la restauración capitalista; a mediados de los ’90, el MAS sacude a
Efectivamente, Eduardo Romero, dirigente del MAS y
A partir de dicho libro, la cuestión de las respuestas políticas que se dieron en 1989-
Amen de los móviles y las conclusiones, el esfuerzo en extraer las lecciones de la transición fue lo único rescatable de ese período del MAS, aunque más no sea porque obligó a estudiar a esos estados y su desenlace. Fue esto lo que diferenció al MAS del MST –y actualmente Izquierda Socialista– que todos los años saluda la caída del Muro de Berlín; al PO de Altamira que seguía esperando la “quinta” revolución rusa –tomando la revolución de 1905, las dos de 1917, y evidentemente la caída de Gorbachov y la asunción de Yeltsin en 1991 también se trataba de una revolución para Altamira–, claro que a los pocos años se olvidó de ello y cambió de tema. Y también marcó diferencia con el PTS –y sus varias rupturas actuales–, que encontrando una gran beta propagandística en la crítica a N.Moreno fue más objetivista que éste en las respuestas a los acontecimientos de 1989-91. Tanto es así que hasta principios del 2002, el PTS, seguía diciendo que
Pero ese mérito que nadie le puede quitar al MAS de la segunda parte de los ’90, se desdibuja totalmente con las conclusiones a las que se arribó. Lo que empieza mal, por tener un eje cambiado, tiene muchas posibilidades de terminar mal. Ese intento de sortear a Trotsky para responsabilizar al trotskismo de
Hoy, más que hace 15 años, los compañeros del nuevo MAS se esfuerzan en que sus concepciones del “Estado Burocrático” no queden pegadas con las concepciones antidefensistas de M.Schachtman y su “colectivismo burocrático”, como de la posición, igualmente antidefensista, de T.Cliff en sus concepciones de “capitalismo de estado”1 para
El mismo Romero, en dicho libro citado, se vio obligado a reconocer que los que llegaron a esas concepciones de “Estados Burocráticos” terminaron en el basurero de la historia; pero seguramente creyeron que en el momento de elaborar esas concepciones, cuando
Pero los dirigentes del MAS bien podrían decirnos que se trataba de una concepción importantísima, y que si ellos hubieran estado armados de ella, hubieran mantenido bien altas la banderas del “Estado Burocrático” sin claudicarle al imperialismo. No habría que estar tan seguro sobre la última parte de esta frase, y no por poner en duda las buenas intenciones de los compañeros del MAS, sino porque analizando la importancia de la categoría de Estado Burocrático versión MAS, veremos que se trata de un bluff adornado de muchas palabras sofisticadas y un buen estilo literario, pero que complica mucho más todo dejando muy magros resultados positivos y muchos, e insalvables, resultados negativos.
E.Romero rompió en una de sus tantas rupturas del MAS a principios del 2000, ni siquiera este partido es ya parte de
Con algo de C.Raskosky, oposicionista de izquierda rumano-ruso, y mucho de P.Navillie –que arbitrariamente define “Socialismo de Estado” a ese tipo de sociedades–, éstas son pues las ideas centrales del nuevo MAS:
1- Se trataba de Estados Burocráticos, de una formación de explotación mutua con reparto diferenciado, que al burocratizarse estancó la transición al socialismo, pero igualmente había que defenderla del imperialismo. La burocracia cuyo carácter de clase no es obrera sino pequeño-burguesa, es una casta parasitaria, pero más que una casta común y menos que una clase orgánica.
Sacando la cuestión del asexual carácter de clase del Estado Burocrático, todo lo demás se puede compartir, es más, es lo que plantea Trotsky a mediados y fines de los años 30. Sin embargo Trotsky dice algo más, dice que siempre los Estados tienen signo de clase, y más precisamente en la época del imperialismo es imposible que un Estado no tenga signo de clase. Pero el MAS considera que
2- El MAS considera que sin clase obrera dirigida por un partido revolucionario no hay revolución socialista y lógicamente allí, como en los países del Este europeo, donde se expropió a la burguesía con la ocupación del Ejército Rojo menos aún fueron socialistas esos procesos, no sólo por el problema de la dirección y la ausencia de la clase en el proceso, sino porque ni siquiera hubo revolución. Y en los países donde hubieron revoluciones (Yugoslavia, Albania, China, Corea, Vietnam), esas revoluciones, y Estados surgidos de ellas, tampoco fueron socialistas, por ausencia del partido revolucionario y de la clase obrera; sólo se trató de revoluciones agrarias, anti-imperialistas, etc., donde sus direcciones se vieron obligadas a ir más allá expropiando a la burguesía y al imperialismo.
Acá no hay gran innovación, después de todo es lo que algunas veces dijo Nahuel Moreno cuando decía que dichas revoluciones se trataban de “revoluciones de Febrero” que fueron más allá de lo previsto hasta por sus propias direcciones burocráticas y/o pequeñas burguesas, las que para llevar adelante las tareas democráticas-burguesas estructurales se vieron obligadas a expropiar a la burguesía y al imperialismo.
Pero nuevamente nos encontramos con el problema del punto anterior. Por un lado esos nuevos Estados tienen un génesis diferente con respecto a
O sea, independientemente de que se considere revoluciones socialistas, a Yugoslavia, China, Cuba, etc., etc., o se las considere revoluciones democráticas-sociales, como las consideramos nosotros –N.Moreno y el MAS dice algo parecido–, el punto es otro. La cuestión es que si esas revoluciones calcaron la forma ya burocratizada de
Los experimentados dirigentes del MAS, para mantener esas elaboraciones que ya llevan 15 años, y no hacer una revisión deshonesta, deberían decir: “Sí, Trotsky se equivocó, nunca hubo Estado Obrero Burocrático, ni bien se cristaliza una burocracia en un Estado Obrero, éste pierde su carácter de clase.” Pero no dice nada de eso y prefiere hacer pasar deshonestamente sus posiciones como si fueran las de Trotsky.
¿Si se considera que Trotsky se equivocó, qué hay de malo en decirlo? ¿Acaso Trotsky no se equivocó con la cuestión de la estatización de los sindicatos, queriendo prolongar el comunismo de guerra en 1920; y no se equivocó cuando pactó con Stalin, en 1922, sobre la cuestión de Georgia, contradiciendo al Lenin enfermo que quería que vaya a fondo y le propine una severa derrota política a Stalin; y cuando, con todos los otros miembros de
Sin embargo, supongamos por un momento que esa revisión deshonesta –deshonesta por lo solapada que es– fuese, pese a todo, para un fin loable. Supongamos que se trate de una revisión que los situaría mejor para entender lo que ocurrió en los procesos del ’89-91 y, puesto que no tienen dudas de que sus respuestas fueron un dislate (¡vaya categoría “marxista” que usó Romero en dicho libro!), de esa forma mejor se hubiera defendido a esas formaciones económicas-sociales que dicen que había que defender. Pero es en vano querer encontrar algo así, allí nunca estuvo puesta la preocupación de los diferentes teóricos del MAS. El “defensismo” es un vulgar antiimperialismo, puesto que sólo es un defensismo frente a las agresiones del imperialismo, y no también un defensismo del EOB frente a la burocracia, la misma de la que Trotsky decía que cada día que continuara en el poder preparaba las condiciones de la restauración capitalista.
Esa conclusión, y falta de programa de lucha por la revolución política, era perfectamente lógica; veamos: si dichos “Estados Burocráticos” no son en ningún sentido obreros, entonces tampoco son nuestros Estados en ningún sentido, ni hay gran cosa por defender. A lo sumo hay que posicionarse contra las privatizaciones como en cualquier país burgués semi-colonial ¡¡¡Vaya programa de revolución política!!! ¿Pero eso no es claudicarle a la burocracia stalinista en proceso de reconversión, que tanto se dicen odiar?
Es cierto, el MAS discutió y analizó mucho en estos últimos 15 años, pero como dice el refrán popular “No por mucho madrugar se despierta más temprano” o no por mucho estigmatizar de dogmáticos a los opositores se es más marxista principista. Después de todo –y hablando de dogmas versus teorías como guía para la acción–, tales nuevas teorías no le sirvieron, ni le sirven, aunque más no sea a posteriori, como una guía para la acción en los procesos de 1989-91.
Por otra parte, la revisión a Trotsky se hace mucho más manifiesta puesto que no se trata meramente de una categoría, de EOB a EB, en realidad se trata de un cambio de toda la orientación de lucha por la revolución política en los EOB.
3- Trotsky deja de considerar una Dictadura del Proletariado a
En definitiva, Trotsky planteaba que
El MAS niega que hubiera una Dictadura del Proletariado en
Podemos estar de acuerdo, de hecho Trotsky en toda la dura polémica con los antidefensistas, de finales de los ’30, nunca volvió a fundamentar desde el ángulo de una supuesta Dictadura del Proletariado en
Y elucubran así cuando el mismo Trotsky se encargó de analizar la degeneración de
Pero el nuevo MAS, diciéndose trotskista, se empeña en decirnos conclusiones opuestas a las de Trotsky, no sólo sin decirnos que lo está revisando, sino que también arribando a conclusiones claudicantes y confusionistas. Y como veremos a continuación esas teorías no tiene consistencia lógica ni punto de apoyo histórico.
4) Así como el viejo-nuevo MAS mete bajo la alfombra la ausencia de respuestas políticas para enfrentar la restauración capitalista, Roberto Ramírez nos dice, a modo de pregunta, bajo el título de “Una pregunta molesta que muchos prefieren barrer bajo la alfombra”,2 que: “En esto de los “estados obreros” sin obreros, que llenaron el siglo XX, hay una pregunta fastidiosa para la gran mayoría de las corrientes que se reclaman del marxismo revolucionario: ¿Cómo se volvió al capitalismo sin que mediasen contrarrevoluciones sangrientas, guerras civiles o invasiones imperialistas que destruyesen esos “estados obreros” y despojasen también a la clase trabajadora (supuestamente la clase dominante) de la propiedad de los medios de producción y en general del dominio de la sociedad?” (resaltado nuestro)
No molestan en absoluto las preguntas del compañero Ramírez, sólo dan un poco de vergüenza ajena. Por un lado, hay que repetir una vez más que, para Trotsky y el trotskismo en general, la clase obrera fue expropiada del poder por la burocracia, ella no era la clase dominante en la sociedad en ninguno de esos países o Estados, sino que estaba dominada por una casta burocrática parasitaria: parece que el MAS no entendió nada de la lucha librada por Trotsky y
Pero el compañero Ramírez continúa victoriosamente: “Eso, insistimos, habría sucedido sin resistencias notables de la clase trabajadora. Los trabajadores de los estados burgueses de Occidente han resistido más las privatizaciones de empresas públicas que las clases obreras de
La clase obrera no defendió las bases sociales de los Estados Obreros Burocratizados porque éstos estaban, desde principios de los ’80, en un franco proceso de descomposición. La crisis mundial del capitalismo –debido al agotamiento del boom de
En este marco, la clase obrera de los EOB en descomposición estuvo resistiendo los planes de ajuste impuestos por el imperialismo, pero llevados adelante por la misma burocracia con fuertes represiones a sus luchas y persecuciones políticas que imposibilitaron construir cualquier dirección proletaria. A finales de los ’80, con economías en bancarrota y sin dirección revolucionaria, las masas obreras lucharon por reivindicaciones económicas, pero frente a los importantes procesos políticos prácticamente se paralizaron. Sólo algunos sectores de ésta siguieron a las diferentes alas de la burocracia, generalmente demócratas-liberales o nacionalistas en las nacionalidades oprimidas, por lo general igualmente demócratas-liberales y restauracionistas, al igual que las alas duras o conservadoras de la burocracia que no querían terminar con el monopolio del PC para restaurar el capitalismo “en frío” o “desde arriba”, y tener más tiempo para hacer una acumulación capitalista.
El MAS y el compañero Ramírez no entienden que no hay que ser muy genio para darse cuenta que la clase obrera de los EOB no tuvo ninguna opción política de clase, y que frente a tanta confusión, y parálisis en la clase, la burocracia no tuvo necesidad de derrotarla físicamente. No es tan difícil darse cuenta de esto, pese a lo que digan el MAS y las otras corrientes que se dicen trotskistas.
Esta situación, de bancarrota económica e inexistencia de dirección proletaria independiente, proclive a la restauración y de ausencia de grandes luchas contra los planes privatizadores, se dio por la descomposición de los mismos EOB, y porque durante los más de treinta años previos no hubo ninguna revolución verdaderamente socialista, que sólo podía ser conducida por el trotskismo, en alguno o varios países del mundo.
¿No es anti-marxista pensar que todo está expuesto al cambio pero no los EOB, cuando más condicionados estaban por la misma crisis y descomposición del capitalismo? Y ¿No es absurdo, y anti-trotskista, pensar que se iba a poder rescatar a los EOB de la restauración capitalista sin la revolución mundial, sin solucionar el problema de los problemas que es la crisis de dirección revolucionaria del proletariado mundial?
Sin embargo, y como si fuese poco, ese no es el único problema que tiene el razonamiento del compañero Ramírez. Incurre en una contradicción histórica mayor cuando quiere demostrar que no eran EOB por el hecho de que las masas no defendieron las bases sociales y económicas de dichos Estados; porque en Alemania de 1953, en Hungría de 1956 y en Checoslovaquia de 1968, y parcialmente en Polonia de 1981, las masas se levantaron contra la burocracia stalinista defendiendo las bases sociales de esos Estados. ¿O será que en esos casos para Ramírez sí eran EOB? Pero el MAS nos dice todo lo contrario… ¿Entonces, será que en esos países que sí hubo derrota física se restauró inmediatamente el capitalismo? El MAS sabe que no es así... Bueno, ¿entonces no será que el argumento que tan victoriosamente esgrime no sirve para nada?
¿Y…, no serán estas preguntas muy molestas y fastidiosas para las revisiones impresionistas del “Estado Burocrático” del compañero Ramírez y los cuadros dirigentes del MAS?
5) El nuevo MAS –al igual que Cimientos de N.Ciaponni– y la antidefensista Tendencia Socialista Internacional de T. Cliff, adhiere y habla laudatoriamente del texto Socialismo desde abajo3 de Hal Draper. Este autor, buscando enfrentarse al elitismo y al substitucionismo –como Lenin lo hacía con el ultimatismo de Bordanov–, supera a R.Luxemburgo en su espontaneísmo porque se desliza hacia la toma de conciencia socialista por las grandes masas de forma evolutiva, poniendo el acento en la conciencia socialista y no en la conciencia política de clase y el rol forjador de ésta por el partido revolucionario, tal como planteaba Lenin.
De igual manera, tras la conquista del poder, en
Pero Draper, diciéndose marxista y hasta trotskista, en sus más de 10 páginas de ensayo nos hace un recorrido sobre toda la historia del socialismo marxista –y hasta del anarquismo–, para fundamentar su socialismo desde abajo supuestamente democrático y revolucionario, se olvida de mencionar, nada más ni nada menos, a
El socialismo desde abajo del que nos habla Draper –y el que aprueba el MAS–, queriendo enfrentarlo al burocratismo estatal del stalinismo y todo tipo de “socialismo” desde arriba, no pasa la prueba de la teoría marxista y la experiencia histórica, porque se transforma una versión edulcorada y facilista que subestima a la burguesía y al imperialismo, término este último que por otra parte tampoco aparece en ese escrito ultra-revisionista.
Conclusiones generales
Si los que adherían a la conclusión-categoría de Estado Burocrático –o capitalismo de Estado– lo hacían para no defender a
Por mucho que el nuevo MAS llame revoluciones a los últimos coletazos de la contrarrevolución stalinista del ’89-91 (y en esto no se diferencia de
Al mismo tiempo este cambio de categoría, de carácter de clase del Estado, les sirvió para no ir a fondo buscando las causas que llevaron a claudicar con las respuestas que se dieron en esos procesos. Y también como reflejo de la derrota y del impacto ideológico que ella tuvo en la vanguardia mundial; con ese cambio, de EOB a EB, se intenta demostrar que esos países, Estados o regimenes, nada tuvieron que ver con el socialismo. Por supuesto que nada tenían que ver con los objetivos de Marx, Engels, Luxemburgo, Lenin y Trotsky, pero sí tuvieron que ver en algún sentido, aunque más no sea negándolo, porque el stalinismo es la degeneración del marxismo que surge de sus filas.
De allí que todo el esfuerzo teórico del MAS, de la segunda mitad de los ’90, haya estado en función de superar al trotskismo para, supuestamente, revitalizar al socialismo en un genérico marxismo revolucionario. Cuando me retiré4 del MAS, a finales del ’90, los cuadros y dirigentes se presentaban como “marxistas revolucionarios” y decían: nosotros, los que venimos del trotskismo… ciertamente que si venimos es porque ya no estamos allá, incluso hasta se dejó de editar el periódico y se pasó a editaba una revista mensual. Pero las manifestaciones de la lucha de clases atenuaron un poco la huida del trotskismo. La crisis revolucionaria del 2001-2002 en Argentina, los obligó a redefinirse nuevamente como trotskistas –sacándose de encima a E.Romero y N.Ciaponni–, aunque manteniendo el grueso de las elaboraciones de los años anteriores.
En el manifiesto de SoB del 2004, su corriente internacional, se volvió a hablar a favor de
Ciertamente que se puede encontrar –y nosotros encontramos– algunos aspectos correctos en algunas elaboraciones, pero el problema es que todo el móvil y la matriz es revisionista, porque se trató, y se trata, de un reflejo impresionista pequeño-burgués hijo de la derrota –aunque, según el MAS de la “revolución” en Europa del Este y
Los dirigentes y cuadros del nuevo MAS, con la veleidad de los que creen haber descubierto algo nuevo –cómo si hubieran hecho un aporte trascendental y cualitativo al marxismo–, siguen diciendo que los que los contradicen en sus elaboraciones son dogmáticos, que tienen una matriz teórica rígida y conservadora, etc. etc. Para que esto deje de ser un clissé, esa crítica del MAS debe ir de la mano de posiciones lógicas y lúcidas que deben pasar la prueba de la lucha de clases, o, al menos, la prueba del debate marxista sujeto a la experiencia histórica. Si esto no es así, cualquiera puede decir cualquier disparate y defenderse diciendo que los que lo cuestionan son dogmáticos, y así como así, cerrar la discusión o ensuciarla con fútiles acusaciones para que no se entienda nada de ella.
Por nuestra parte, el MAS puede seguir debatiendo con posiciones débiles, incoherentes e impresentables –como las del MST, Izquierda Socialista, Convergencia de Izquierda, PO, PTS –y sus rupturas– o las de
Aunque por un minuto le diéramos la razón al nuevo MAS sobre la categoría del Estado Burocrático, estos no sabrían que hacer con ella. Porque por un lado el MAS nos dicen que éstas eran formaciones económica-sociales post-capitalistas, estancadas entre el capitalismo y el socialismo, que habían que defender del capitalismo y del imperialismo; y por el otro, llaman revoluciones a los últimos coletazos de la contrarrevolución stalinistas del 89-91, procesos conducidos por la burocracia que llevaron a la restauración capitalista a esas mismas económica-sociales post-capitalistas que supuestamente el MAS debían defender….
¿Y, si esas fueron revoluciones, por qué no dieron revolucionarios? ¿Pero, si estos fueron triunfos de las masas por qué se abrió una etapa de retroceso en la lucha de clases mundial y muy reaccionaria ideológicamente? Y así podríamos seguir con las preguntas.
El nuevo MAS toma nota y habla de estos temas, pero no responde a ellos cotejándolos con sus propias elaboraciones. Y por último –aunque se le dé la razón al disparatado Estado Burocráticos–, si se equivocaron cuando dirigían
En definitiva, todas estas revisionistas elaboraciones del MAS son un solapado repudio al legado teórico-programático de
1. Ley del valor y explotación del trabajo en la ex URSS. R.Sáenz http://www.mas.org.ar/revista_sob/sob _20/pdf/223-228_sob20_introduc_naville.pdf.
2. Sobre la naturaleza de las revoluciones de posguerra y los estados. R. Ramírez, http://www.socialismo-o-barbarie.org/revista_22/081228_cuba_sobrev22_219.pdf.
3. www.socialismo-o-barbarie.org/revista/sob10/Pag.52a58 Hal Draper2.htm
4. Quien suscribe éste articulo militó del
Marcelo Rios
Por la LCT

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