domingo, 4 de octubre de 2009

URSS: En defensa del legado teórico programático de León Trotsky. Parte I

El lector que empiece a leer este artículo tal vez haga un gesto de desden pensando que se trata de uno de esos panegíricos de rituales alabanzas a L.Trotsky de uno de sus tantos seguidores. También es posible que algunos se pregunten con fastidio ¡¿otra vez la discusión sobre la URSS?! Pero quien no quiera extraer las lecciones de lo que fue la URSS, es porque ha abandonado la lucha por el socialismo, o en su defecto, es porque ha hecho del marxismo una religión o lo que es lo mismo, un dogma inmutable.

Ocurre que el trotskismo, como el mejor exponente del marxismo, no es una iglesia medieval como el stalinismo hoy socialdemocratizado; menos aún tiene que ver con su variante maoísta cuya profundidad de sus “análisis” solo les da para limitarse a decir que los rusos traicionaron, que los chinos traicionaron y así sucesivamente; como buenos stalinistas están acostumbrados a usar la acusación como sinónimo de comprobación y explicación causal.

Ciertamente que de los stalinistas, en todas sus variantes, no se puede esperar profundidad y menos aún seriedad en el tratamiento de este tema. Será por esto que es del mismo trotskismo de donde surgen los más serios contradictores de Trotsky. Dice el refrán que no hay peor astilla que la del mismo palo, pero lo importante no es tanto ver si los contradictores son muchos o pocos, o con mayor o menor nivel; lo importante es ver si “el aporte” es correcto o no hace más que empeorar lo que ya existía.

Así, con el derrumbe de la URSS y los estados del Este de Europa y su restauración capitalista, junto al acelerado curso restauracionista de China, Cuba, Vietnam, del que tampoco escapa Corea del Norte, ha llevado a muchos trotskistas a querer reconsiderar todo o gran parte del legado teórico programático de Trotsky y la IV Internacional; especialmente en lo referente al análisis de la URSS. Concepciones que en la Segunda post-Guerra los trotskistas han hecho extensible a los otros Estados Obreros Burocráticos (en adelante EOB).

Sin embargo ninguno de estos actuales pensadores dice nada nuevo a lo ya dicho por M.Shatchman en 1939 con su caracterización de Estados Burocráticos, o a lo dicho por T. Cliff diez años después, con su formulación de Capitalismo de Estado para la URSS y los nuevos EOB. En las décadas del ’80 y del ’90, a estos teóricos se les han sumado el COFI norteamericano, la Alianza por la Libertad de los Trabajadores de Sean Matgamna, Andrés Romero (Aldo Casas) y el MAS argentino, y tantos otros que a pesar de sus revisiones teóricas-programáticas insisten en seguir diciéndose trotskistas.

URSS ¿Qué clase de Estado?

Pero es el sencillo texto de homenaje, ante el 67 aniversario del asesinato de Trotsky, titulado Trotsky en el siglo XXI (parte II)[1] escrito por Guillermo Almeyra, el que en pocas líneas mejor sintetiza todas estas nuevas-viejas ideas. En dicho artículo el autor hace un recontó de las cuestiones que a su juicio estarían equivocadas en el marxismo revolucionario, pero que aquí solo centraremos en la cuestión del carácter obrero de esos estados.

Este nos dice:

En primer lugar, la caracterización de la URSS, ya a partir de los años 30, como Estado obrero burocráticamente degenerado, de la cual derivó la caracterización de los Estados supuestamente “socialistas” de la posguerra como Estados obreros deformados. No era posible, en efecto, seguir hablando de “Estado obrero” –después del aniquilamiento de los soviets, del partido bolchevique, de la democracia obrera, con el surgimiento de una casta brutal y totalitaria privilegiada, después de las matanzas y deportaciones de millones de personas y cuando los campos de concentración, de trabajo esclavo y de exterminio estaban en el orden del día– sólo porque las empresas eran del Estado, existía el monopolio del comercio exterior y la economía estaba burocráticamente planificada y porque los advenedizos en el poder se veían todavía obligados a hablar de Marx, de Lenin, del socialismo (a los que prostituían y traicionaban a cada paso). La propiedad, aunque jurídicamente fuese “colectiva”, no era de la sociedad, sino de un Estado que se reforzaba mediante el terror, y su disfrute era monopolizado por una casta con valores y gustos capitalistas, estrechamente nacionalista e igualmente feroz en su relación con los trabajadores –supuestos dueños del poder estatal– que los gobernantes capitalistas anteriores. Esos estados, aunque no gobernados por capitalistas sino por burócratas, formaban parte de un solo mercado y de una relación mundial capitalista (que trataban de conservar con su política enterradora de revoluciones y de “coexistencia pacífica” con el imperialismo). Capitalistas de Estado, los burócratas estalinistas de todos los países “socialistas” preparaban el camino a la restauración pura y simple del capitalismo en condiciones semicoloniales o de dependencia del capital extranjero. Las ilusiones de gente inteligente, como Ernest Mandel, cuando el comienzo del derrumbe con Gorbachov, sobre la posibilidad de una revolución puramente política que regenerase el Estado “soviético” (que había acabado con los soviets 70 años antes), partían de la aceptación dogmática de esa caracterización errónea de Trotsky y de la total subestimación de los terribles cambios negativos introducidos durante más de 65 años por el estalinismo en la clase obrera y la sociedad de esos países, y en las fuerzas socialistas, a escala mundial.”

El primer problema es que el autor de estas líneas no supera al terreno descriptivo de las categorías sociológicas, pero no ingresa al terreno de la política, menos aún al de la política revolucionaria.

Ya en 1933 Trotsky consideraba que la dictadura del proletariado había degenerado y que se debía hacer una revolución para echar a patadas a la burocracia del poder. Pero esa revolución era una revolución política, y no social, porque no modificaba las bases estatales-colectivizadas de la propiedad. No era meramente un problema de una categoría, era un problema de que con qué política se enfrenta la situación y a esa casta parasitaria, y entre categoría y orientación política estratégica no podía haber contradicción.

Pero Almeyra nos dice que ni bien un estado obrero degenera deja de ser un estado obrero, y pasa a ser capitalismo de estado. Aunque nombrando muchos sucesos de diferentes fechas no nos dice en que momento dejó de ser un Estado Obrero la URSS, si fue en 1922 cuando los comunistas reconocían que los soviet estaban vaciados; en 1924 cuando muere Lenin y asume Zinoviev, Kamenev y Stalin; en 1927-28 cuando es derrotado y expulsado Trotsky; en el ’29 con la colectivización forzosa del campo; en 1936-37 cuando comienzan los infames Juicios de Moscú; en el 1939 cuando Stalin pacta con Hitler o después de la Segunda Guerra Mundial. Si tomamos como parámetro la vitalidad de los soviets dejó de ser un EO en vida de Lenin, con la paradoja de tener una dirección marxista revolucionaria que impulsa el capitalismo de estado, o sea un estado con una dirección revolucionaria que no está en transición al socialismo. Bien puede Almeyda decirnos indignado: “No importa cuando dejó de serlo, lo importante es que en ese período de 20 años dejó de ser una conquista de las masas y ya no había conquistas de la Revolución de Octubre que defender, ni siquiera que no exista la propiedad privada de los medios de producción, porque solo se trataba de un mero colectivismo”. Lo diga o no lo diga así, ese es el punto, porque la categoría de EOB apunta a graficar el génesis y lo que hay de bueno y de malo en dicho estado y formación económica-social, para saber como nos posicionamos los marxistas revolucionarios y que combate debemos dar. Los revolucionarios no estamos en el terreno de la sociología contemplativa, estamos en el terreno de la lucha revolucionaria por el socialismo.

Más adelante veremos que ni en el terreno sociológico sirve esa categoría estática de capitalismo de estado.

Los nuevos Estados Obreros Burocráticos

Trotsky no previo que el stalinismo podía salir fortalecido después de la Segunda Guerra Mundial y expropiar a la burguesía en toda Europa del Este, y que en ese marco, el ascenso de masas y la crisis económica capitalista podía obligar a las direcciones nacionales stalinistas a ir más allá de sus intenciones primarias en Albania, Yugoslavia, China y Corea del Norte, y posteriormente en Cuba y Vietnam. Pero que Trotsky no lo haya previsto, no niega que en estos países se expropió a la burguesía y al imperialismo y se construyó formaciones económica-sociales post-capitalistas, semejantes a la URSS, a las que los trotskistas llamaron EOB.

En estos Estados, que no degeneraron como la URSS sino que ya nacieron deformados, por no haber dictadura del proletariado –partido revolucionario, clase obrera y sus organismos democráticos–, el stalinismo consolidó rápidamente a la burocracia estatal y por esto mismo al nacionalismo negando la necesidad de la lucha por la revolución mundial. O sea, el stalinismo desde el mismo nacimiento de estos nuevos EOB tenía bloqueada la transición al socialismo. Esto se ve pronto con mucha claridad en Yugoslavia, donde el Mariscal Tito cuando se ve obligado a romper con Stalin y la URSS, en 1949, prefiere negociar con el imperialismo a desarrollar la democracia soviética y a extender la revolución.

Se equivoca Almeyra cuando dice que Trotsky se equivocó, porque éste supone que Trotsky hubiera considerado que podía haber “Estados Socialistas”[2] –dictaduras del proletariado–, sin revolución socialista, o sea, sin partido revolucionario y sin que sea la clase obrera la que haga la revolución e instaure un régimen de organismos soviéticos. Pero, mal que le pese a Almeyra y a tantos otros, no hay ideas semejantes en Trotsky, estas hubieran sido una revisión del marxismo.

Por esto, considerar que la URSS, junto a los otros países que en la Segunda post-Guerra expropiaron a la burguesía, eran Estados Obreros Burocratizados, no significa que la burocracia estuviese construyendo el socialismo. Trotsky dice todo lo contrario, dice que cada minuto que la burocracia está en el poder prepara las condiciones para la restauración capitalista.

Entonces, que Trotsky no haya previsto que el stalinismo, por situaciones excepcionales, podía ir más allá expropiando a la burguesía, no significa que la misma categoría de EOB no puede ser aplicada a esto nuevos estados que construyeron formaciones económica-sociales post-capitalistas idénticas a la URSS de los ’30. Más aún, esas formaciones económico-sociales post-capitalistas eran una conquista, distorsionadas pero una conquista al fin, de la lucha de clases mundial y de la lucha de los pueblos coloniales y semi-coloniales, y fueron tan importantes como cada golpe que se le dio al imperialismo.

Lejos de suponer que no era posible hablar de Estados Obreros Burocratizados, como nos dice Almeyra, era extremadamente necesario. Sencillamente, porque la categoría no era arbitraria y el término burocratizado hacía alusión a que en esos estados no existía dictadura del proletariado ni transición al socialismo, con todo lo que ello conllevaba. Y, puesto que esos estados se trataban de una conquista, había que defenderlos del imperialismo y de la misma burocracia que, a la corta o a la larga, los iba a entregar.

Demás está calificar la situación en la que cae Almeyra al hablar del supuesto dogmatismo de los trotskistas para con Trotsky, por defender ideas… que Trotsky nunca tuvo. Parecería ser que Almeyra asume las elaboraciones de M.Pablo y E.Mandel como si se tratara de las de L.Trotsky.

Continúa Almeyra: “La propiedad, aunque jurídicamente fuese “colectiva”, no era de la sociedad, sino de un Estado que se reforzaba mediante el terror, y su disfrute era monopolizado por una casta con valores y gustos capitalistas, estrechamente nacionalista e igualmente feroz en su relación con los trabajadores –supuestos dueños del poder estatal– que los gobernantes capitalistas anteriores.” Acá el autor descubrió el agua tibia, puesto que no dice nada nuevo a lo ya dicho por Trotsky durante toda la década del ’30, pero lo presenta como si fuese él el que descubre la situación.

En todo razonamiento que se precie de lógico, como en la física, hay pavor al vacío, así al rechazar la categoría de EOB Almeyra se ve obligado a reemplazarla por la de capitalismo de estado. En un sentido esto es mejor que la categoría de Estado Burocrático de M.Shatchman y el MAS argentino, por lo menos da cuenta de que en la época imperialista todo Estado tiene un signo de clase. Pero no nos explica por qué se trataría de un capitalismo de estado, si se refiere a la existencia de extracción de plus-valor, trabajo asalariado, monopolio de comercio exterior, plan económico y reinvención estatal, porque esto ya existía con Lenin y Trotsky dirigiendo el destino de la Republica de los Soviets, y existirá en todo proceso –mediando la revolución mundial– de transición al socialismo. Y si se refiere a que la burocracia explotaba a la clase trabajadora, puesto que el reparto de la masa de plusvalía era diferenciado, no solo no se dice nada nuevo puesto que esto ya fue analizado por Trotsky en La Revolución Traicionada de 1936, sino que es no entender qué es burocracia y qué es un EOB. Si la burocracia stalinista no hubiera tenido prebendas y privilegios (reparto diferenciado) no sería burocracia, ni la URSS se habría burocratizado, ni los Estados de la Segunda post-Guerra hubieran nacidos burocratizados. Y, ni Almeyra estaría haciendo los esfuerzos que hace por intentar entender y explicar el problema.

La categoría de capitalismo de estado tiene un problema mayor, porque no puede dar cuenta de los diferentes momentos del EOB; cuando la burocracia guardaba y defendía las formas estatales de producción, cuando la burocracia empezaba a planificar conscientemente desde el estado la restauración capitalista, o cuando la ingerencia de la ley del valor en la vida económica de esos países es tal que ya hay que definir a ese estado como estado capitalista naciente, este es el caso de China, Cuba y Vietnam (y en dinámica Corea del Norte), independientemente que en estos países el poder monopólico de los PC’s no se hayan derrumbado. Pero, para los capitalistas de estado, siempre se trataría de capitalismo de estado sin ver los diferentes momentos históricos entre EOB, EOB en descomposición o estados capitalistas nacientes.

Sin embargo no se trata solo de una mayor ductilidad de una categoría para graficar una situación, es mucho más que esto. Porque con la concepción de capitalismo de estado antes de ’89-91 no se podían posicionar correctamente contra la restauración capitalista y las privatizaciones, después de todo, para estos, no había nada que defender si el Estado ya estaba impregnado por el capital.

De allí es lógico que estas corrientes ideológicas, de capitalismo de estado o de estado burocrático, hayan apoyado las consignas democrático-burguesas para instaurar una democracia burguesa y la vuelta del capitalismo. Esto es, es lógico que no se hayan situado por la defensa del EOB, hasta la última trinchera al decir de Trotsky, contra toda la burocracia y hayan apoyado las políticas de las alas “democráticas” de la burocracia restauracionista.

El revisionismo que se dice trotskista claudicó

Se podrá argumentar que la definición de EOB, en sí misma, tampoco garantizaba un posicionamiento correcto. No, claro que no, pero valga esto como ejemplo: que Mandel y el SU hayan apoyado el gobierno sandinista, o Lambert-Just a la socialdemocracia en Francia, no significa que la teoría de la revolución permanente sea equivocada, sino solamente que Mandel, Lambert y compañía claudicaron.

De la misma forma podemos decir lo mismo de las corrientes que no defendieron el legado teórico-programático de Trotsky y que por esto le claudicaron a una u otra ala de la burocracia restauracionista. El SU está en la primera fila de estas corrientes, y muy lejos estaba Mandel de luchar por las posiciones puras de revolución política de Trotsky, como sorprendentemente nos dice Almeyra, porque éste primero apoyó la Perestroika aconsejando a Gorbachov, para después, en 1991, considerar que Yeltsin andaba tras los pasos de Trotsky…. ¿Podrá seguir insistiendo Almeyra que Mandel luchaba por la revolución política que planteaba Trotsky?

Sin embargo, más allá de esto, lo que Almeyra nos dice es que debido al carácter capitalista de estado, de su semicolonización, y “la total subestimación de los terribles cambios negativos introducidos durante más de 65 años por el estalinismo en la clase obrera y la sociedad de esos países, y en las fuerzas socialistas, a escala mundial” no estaba planteado o no se podía luchar por la revolución política, aunque esto se oculta detrás del término meramente política, dando a entender que también debía ser social la revolución, pero la burguesía no existía en esos estados en 1989-91.

En definitiva, Almeyra con su “aporte”, nos da a entender que desde fines de 1920, ya estaba todo perdido y que no había nada que defender. Así, los anti-defensistas del “Estado burocrático” o del “capitalismo de estado”, que dicen no ser dogmáticos y creen que con sus concepciones están más armados, cuál teoría como guía para la acción, en realidad esconden la adoración de los hechos consumados y una adaptación, crítica pero pasiva, a la burocracia y posteriormente a la burocracia restauracionista.

Los revolucionarios marxistas decimos lo contrario, decimos que aunque nos quedemos solos porque las masas estén confundidas detrás de tal o cual variante burocrática stalinista, es nuestra obligación decirles la verdad. Decirles que todas esas alas de la burocracia buscan restaurar el capitalismo, y que solo la ocupación de fábricas, el desarrollo de organismos tipo soviéticos de masas y la construcción del partido revolucionario que realmente luche por el socialismo podía revertir ese curso.

Es una desgracia si no somos escuchados, como era muy probable que ocurriera por el desastre hecho por el stalinismo en la conciencia de las masas, pero es una desgracia mayor, porque es una traición a la clase trabajadora y al socialismo, si no tenemos el valor de no ser popular y acomodamos nuestro programa aceptando el capitalismo detrás de algún ala “progresista y democrática” de la burocracia stalinista reciclada; o solamente con la aceptación pasiva del proceso, lo que en definitiva es lo mismo.

El marxismo principista en la época imperialista

Toda esta corriente de opinión, de la cual Almeyra es un exponente aislado pero en la que se destaca Socialismo Internacional orientada por el SWP inglés, tiene buenos literatos y prestigiosos intelectuales que han escrito sendos libros y manejan un pretendido marxismo puro buscando ir hacia un “marxismo clásico”. Nada puede haber contra esto si se lo hace bien, o sea, si no se hace abstracción de la época imperialista descripta por Lenin. Y así junto a Marx podemos decir “Nuestro Estado es el Estado de la dictadura del proletariado”, sin olvidarnos, que aunque no sean “nuestros estados”, es de principios defender a los países semi-coloniales y a las economías no-capitalistas de los ataques imperialistas.

La LIT-CI –corriente de la que provenimos– y las corrientes que de allí surgieron (UIT-CI, CITO, FT, FLT, etc.), sin ser anti-defensista, ni tan escandalosa como el SU de Mandel, también claudicaron detrás de concepciones democratistas dividiendo en dos partes, o etapas, a la revolución política. Pero en este artículo no estamos haciendo ni una defensa ni una acusación a las diferentes corriente, sólo hacemos una defensa de la categoría de EOB de Trotsky, y nos propusimos demostrar que cualquier otra categoría lleva directamente a la claudicación a la burocracia stalinista pro-capitalista.

Pensemos solamente en Polonia del ’81, cuáles debían ser las consignas adecuadas. No es de extrañar que los anti-defensistas, del Estado burocrático o de capitalismo de estado, en vez de levantar consignas antiburocráticas y anticapitalistas que apunten al poder obrero, avanzaron consignas totalmente democráticas burguesas, porque no consideraron que a esas formaciones económico-sociales post-capitalistas haya que defenderlas, y en ese marco conceptual, para ellos era preferibles la democracia burguesa a esos regimenes dictatoriales.

Es una obligación de los trotskistas principistas plantarse firmemente en este punto porque el revisionismo que se dice trotskista intenta disfrazar sus claudicaciones echándoles la culpa a Trotsky, cuando en realidad claudicaron ellos por alejarse del legado teórico-programático de Trotsky y la IV Internacional hasta 1940.

Aunque también, frente al colapso ignominioso del stalinismo, muchos honestos compañeros sin ver todas las implicancias del problema, y sin conocer las viejas discusiones sobre el tema pueden sinceramente aceptar estas concepciones pensando que con ellas soluciona algún problema teórico, o creyendo que así se le dan un golpe verbal al stalinismo que efectivamente no estaba construyendo el socialismo.

Pero lo cierto es que todo esto es post-festum, y cuando estas concepciones fueron planteadas en tiempo y forma no pasaron la prueba de la viva; M.Shachman termino apoyando la invasión a Cuba, T.Cliff manteniéndose neutral frente a la invasión de EE.UU en Corea. Y ambos, y sus seguidores, sorteando todas las enseñanzas de la critica a la economía política de Marx, Lenin y Trotsky, considerando imperialista a la URSS y no la defendían ni frente a la invasión nazi, menos aún ante un posible ataque de los EE.UU. Una verdadera claudicación total a sus respetivos imperialismos “democráticos”.

Leyendo atentamente a ciertos marxistas, cuánta razón tenía Trotsky cuando decía que con palabras se puede demostrar cualquier cosa. En el caso especifico de Almeyra, sea por premeditación o solo por confusión, lo cierto es que éste, y tantos otros, no critican a los trotskistas por no haber llevado adelante la orientación de Trotsky, sino por ser dogmáticos y seguir a Trotsky, cuando en realidad esos supuestos trotskistas dogmáticos se dedicaron con mucho esmero a revisar el legado teórico-programático de Trotsky.

Sin embargo, confundidos o no, ambos, los renovadores y los supuestos ortodoxos dogmáticos, se dicen trotskistas y coinciden en ser igualmente revisionistas. Solo basta analizar las posiciones y políticas del Secretariado Unificado, de Socialismo Internacional y de tantas otras corrientes de la Segunda post-Guerra.

En este artículo no tenemos respuesta a todo, ciertamente la crítica marxista corregirá algunos aspectos o hará ver algún tópico no analizado. Como se intenta demostrar, que la categoría de EOB sea correcta no quiere decir que los trotskistas de la Segunda post-Guerra hayan sido consecuentes con el análisis de L.Trotsky, y que no arrastren muchas concepciones equivocadas, de las que no estamos exentos.

Apostamos a que la crítica haga su tarea, y creemos que ésta servirá no solo para la cuestión de la categoría de EOB, sino para entender la transición al socialismo de cara a la experiencia histórica que significó la URSS.


[1] Tomado de www.nodo50. Revista Buscando un nuevo camino. Guillermo Almeyra es un destacado intelectual argentino-mexicano, director de la revista del OSAL, profesor de posgrado en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Ex profesor-Investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana de México (UAM), unidad Xochimilco, en el posgrado Integrado en Desarrollo Rural. Ex profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), escritor, y editorialista del diario La Jornada; autor de La protesta social en la Argentina. Panelista del simposio organizado por el Instituto del Pensamiento Socialista (instituto orientado por el PTS argentino), y colaborador de la Revista Herramienta.

[2] Uso el término de Estados Socialistas, porque es el que usa Almeyra, pero en realidad esta definición fue una de las tantas concesiones, en este caso terminológicas, del pablismo-mandelista al stalinismo; puesto que solamente puede haber Estado Socialista con la revolución socialista mundial. El Estado es socialista, no cuando estatiza, sino cuando empieza a dejar de hacerse cargo de la producción, distribución y administración, cuando está socializando y abriendo las puertas al Comunismo, proceso que lleva a la desaparición del Estado. Pero en todo el proceso de transición previo a la revolución socialista mundial el Estado es obrero, es el Estado de la dictadura del proletariado.


Marcelo Ríos

Por la LCT

11/04/09

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